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OPINIÓN. Una espantá desafortunada

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JESÚS MANUEL GARCÍA

Han dado la espantá. Los miembros del grupo del PP en la Diputación de Ourense, convencidos de que el presidente José Manuel Baltar no ha cometido delito en el tristemente conocido affair Baltar, no se presentaron al pleno de esta mañana, convocado a petición de la oposición, sesión extraordinaria para tratar de tan espinoso asunto. El comportamiento de los ausentes no les favorece pues todavía echa más leña al fuego de la, por desgracia, noticia política más importante de lo que va de año. Una nueva negativa que vuelve a poner a la sufrida Ourense en el foco de toda España. El PP argumenta su ausencia acusando a toda la oposición de hacer política de maldad y de convertir el pleno en pantomima y en ataque personal al presidente. Los diputados del PP deberían haber ido a la sesión y ser capaces de afrontar la situación, pues es en ese escenario y no en otro donde se ejerce la democracia, aunque los grupos oponentes no sean del agrado de los populares. Han perdido una ocasión de oro, no para alimentar ningún cabaret. Lo de dar las cosas por supuestas, en política seria no vale. Como en tantos otros campos de la vida.  Lo de prejuzgar lo que se van a encontrar en una sesión y no acudir, nos remite a otros tiempos que deberían ser ya pretérito perfecto.

   Aquí hay varias realidades: Es un hecho real que una mujer, una ciudadana anónima, sin proyección pública por tanto, presentó en la Fiscalía de Ourense un escrito denunciando unos hechos. Según ella, al parecer Baltar le había ofrecido un puesto en la institución provincial a cambio, por lo visto, de ciertos favores de tinte sexual. La mujer aporta, además, grabaciones y mensajes de teléfono. El denunciado, por su parte, es un hombre público, ostenta el cargo de concejal, el de presidente del PP ourensano y nada menos que preside la Diputación Provincial de Ourense. Y ahí está el quid. Baltar manifestó al principio de esta historia que recurriría a la Justicia y que haría caer todo su peso sobre la denunciante. Baltar añadió que este era un tema personal suyo, mas olvidaba su faceta de personaje público y que como tal, afecta a la esfera de lo público lo que a él le pase si tiene trascendencia. Y la denuncia, por su tono, a espera de lo que diga el juez, la tiene. No hace falta consultar manuales de derecho de la Información pues teoría abunda al respecto.

   Real es también que el presidente de la Xunta, Alberto Núñez Feijoo, estuvo acertado cuando, en su primera declaración, señaló que hay que dejar que se exprese la Justicia. Pero ya no estuvo tan bien en su segunda referencia al caso cuando cargó las tintas en la denunciante diciendo que pretendía que Baltar delinquiese. Mal asesorado estuvo el presidente gallego. Porque ni él sabe quién tiene razón en este asunto de dos y de tanta trascendencia pública. Solo el juez dirimirá y por poder, podrá echar a un lado el caso, podrá condenar solo a la mujer, podrá condenar solo al acusado o incluso podrá condenar a ambos por haber entrado en el mismo juego. Por eso urge que la Justicia sea ágil  para que el juez se pronuncie cuanto antes.

   Ahora tenemos una situación preocupante para la democracia en Ourense a tenor de lo que se dice en la denuncia. Cosas que, de ser veraces, resultarían gravísimas. Si el juez sentencia que Baltar no es culpable de delito alguno, se acabará el problema. Y si sentencia lo contrario, entonces y solo entonces la situación sería insostenible políticamente hablando. La ausencia del PP ourensano hoy no ha estado acertada. Porque han despreciado un pleno legalmente convocado, permiten que toda la oposición repruebe al presidente y pida su dimisión y, al mismo tiempo, demuestra tal ausencia un autoritarismo silencioso fuera de lugar. Un comportamiento también cobarde en el maltrecho panorama político ourensano, para qué nos vamos a engañar.

   Está bien, es lícito que militantes y diputados populares defiendan, como han hecho y hacen, a Baltar, faltaría más, pero entenderán, porque les va en el sueldo, el juego democrático y sabrán que el presidente debe una explicación detallada al pueblo, a quien representa, explicación que debía dar en el salón provincial de sesiones. Saben los diputados, porque no creemos que sean tan torpes, que el carácter público del presidente como tal no permite, en democracia, esconderse ni dar la callada por respuesta, a no ser que se cumpla aquello de que quien calla otorga. Estamos asistiendo a un modo de gestionar esta comunicación de crisis con una praxis nada recomendable. Y volvemos a decir que en medio de esta crisis galopante hay que esperar, sí o sí, a lo que diga el juez. Si hemos escuchado grabaciones hechas públicas en las que nos pudiera parecer la voz del presidente de la Diputación no seremos ni usted ni yo quienes digamos que sí es la voz suya. Eso le corresponderá al juez. Y lo mismo sobre los mensajes de texto que hemos visto todos. Únicamente podrá decir que se corresponden con la voz y el móvil del presidente el juez. Mientras tanto, queda en el ambiente una sensación muy incómoda, enrarecida y ciertamente preocupante que no es beneficiosa para Ourense y tampoco para los ourensanos.

Published inOpiniónOurense

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