Ir al contenido

Patrimonio cultural

Claustro de San Francisco. Ourense. Foto: J. M. García.
Claustro de San Francisco. Ourense. Foto: J. M. García.

JESÚS MANUEL GARCÍA. Escribió Umberto Eco en el Foro Internacional Memoria e Historia de la UNESCO, en 1998, que la memoria del pasado es la que nos dice por qué somos lo que somos y nos confiere nuestra identidad. Lo que se tiene por patrimonializable es la identidad. Y como el patrimonio representa simbólicamente una identidad, interesa conservarlo y mostrarlo para goce de los visitantes. Cualquier objeto hecho por la mano humana expresa la actitud o modo de vida de su creador, y, como dirá Herder, es la voz de un hombre dirigida a otro hombre. El ser humano, al producir objetos, moldea sus ideas, crea una cultura, una mezcla de acciones y artefactos que él mismo produce y transmite para adaptarse a su entorno. Por ello  herencia y patrimonio están relacionados. Siguiendo a Ballart, el patrimonio demuestra una separación definitiva de la mente humana, entre el entorno natural y el creado por el hombre. La producción de objetos nos diferencia como  humanos de los demás animales, y de igual modo permite diferencias individuales.

   La palabra patrimonio deriva del latín patrimonium, que a su vez viene de pater, refiriéndose a los bienes de la familia que son heredados. En un ámbito más colectivo, cuando hablamos de patrimonio cultural lo hacemos también sobre bienes, tanto muebles como inmuebles, que presentan interés arqueológico, artístico, paleontológico, etnográfico, técnico o científico. De igual modo es patrimonio el acervo documental y bibliográfico, las zonas arqueológicas, los yacimientos y, por supuesto, los espacios naturales, incluidos parques y jardines que posean un valor antropológico, histórico, artístico. Recoge y expresa los procesos largos del desarrollo histórico, constituyendo la esencia de las diversas identidades sean estas nacionales, regionales, indígenas y locales. Y es, por supuesto, una parte de la vida moderna. Pero además el patrimonio es motivo de referencia dinámico y positivo para el crecimiento y el cambio. Patrimonio y memoria colectiva de un pueblo son insustituibles al tiempo que son la base para su desarrollo actual y futuro.

   Aparece el concepto de patrimonio histórico y el de bien cultural cuando se asienta en Occidente el conservacionismo. Y este se refiere a la valoración muy positiva que le damos tanto a la preservación como al estudio y a la difusión de los bienes que heredamos del pasado. Precisa el patrimonio cultural  una protección continuada por parte del Estado. El patrimonio está en relación con la transmisión de mensajes culturales mediante objetos, que recibimos como testigos de civilización. El concepto patrimonial es una construcción cultural y no podemos olvidar que cada cultura se encarga de hacer que unos objetos perduren en el tiempo y otros sean eliminados. Los bienes que integran el patrimonio transmiten conocimiento, tienen, pues, valor pedagógico. Por ello la noción más actual de patrimonio incluye objetos que portan datos y que se produjeron en cualquier época. Incluso se ha contado con bienes que se consideraban menores, los que integran el patrimonio industrial, por ejemplo. También los del etnológico.

   El patrimonio provoca una sensación agradable de continuidad en el tiempo y nuestra identificación con una tradición. De ahí que autores como Lowenthal sostengan que el pasado aporta indentidad personal y colectiva a un pueblo, como barrera contra los cambios masivos o angustiantes, contra la globalización, podríamos decir. Un monumento, más que ser importante por los materiales que lo configuran, lo es por el tiempo que lleva construido. El poeta inglés Thomas S. Eliot escribió en  1947: “Incluso el más humilde de los objetos materiales, que es producto y símbolo de una particular civilización, es un emisario de la cultura de la que proviene”. Es una evidencia que el acceso a los bienes del pasado es mucho mayor para los ciudadanos que el acceso a los libros. El contemplar un bien patrimonial produce la sensación de ver algo verdadero, único. No es lo mismo ver una fotografía de la Catedral de Ourense que hacer una visita al monumento, y sentirse envueltos en su atmósfera. Como expuso Alois Riegl, hay un valor histórico del patrimonio, de los monumentos y así todo monumento histórico también lo es artístico y viceversa. También posee un valor artístico relativo, un valor de antigüedad e incluso un valor instrumental.

   Si permitimos la destrucción de un bien patrimonial no hay forma de reemplazarlo. Es irrepetible. Si desaparece, es para siempre. De ahí que hay que centrar esfuerzos en su conservación y en su difusión, utilizando medios o herramientas como la interpretación del patrimonio cuyo objetivo no es instruir sino provocar, despertar o jugar con la emoción. Es una herramienta comunicativa, educativa y de gestión de recursos patrimoniales. Pretende dar a conocer significados usando objetos originales más que la simple transmisión de datos. Si se procura una interpretación seria, apelando a la emoción, de un modo positivo y agradable estaremos inoculando en el receptor la pasión por conservar ese bien histórico y evitar su destrucción, pues solamente desde el conocimiento de la realidad patrimonial de un pueblo se puede lograr preservar las huellas de su pasado, los signos que le dan sentido como tal pueblo.

error: Content is protected !!