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La trata de mujeres en los medios: Compromiso y especialización

JESÚS MANUEL GARCÍA. El último informe elaborado por la agencia estadística de la UE (Eurostat, 2015) sobre la trata de personas, según nos pasan la Rede Galega contra a Trata y la Fundación Amaranta,  recoge hasta el momento, las cifras más fiables también de la explotación sexual de los últimos años en 28 países del espacio comunitario europeo con los datos oficiales de la policía, autoridades laborales, de inmigración y fronteras así como de diferentes oenegés. En dicho informe España es el segundo país con más casos de toda la UE. Se identificaron 30.146 víctimas de trata entre los años 2010 y 2012, siendo la trata sexual a la que se le atribuye ese aumento anual (esta modalidad representa el 66% de toda la trata existente). En su mayoría son víctimas mujeres (95%) cuyos principales países de origen son: Rumanía, Bulgaria, Holanda y Hungría, seguidos de lejos por otros territorios extracomunitarios como Marruecos, Nigeria y China. La ausencia de controles fronterizos en la UE para trasladar a las víctimas así como la descoordinación entre los países en la investigación de este tipo de delitos si se producen fuera de sus fronteras pueden ser los factores explicativos de tan alto porcentaje. Estas cifras no son definitivas sino que representan tan solo la punta del iceberg en un panorama muy complejo. La Organización de las Naciones Unidas contra la Droga y el Crimen Organizado (ONUDD) considera que una de cada siete mujeres que ejercen la prostitución fue víctima de trata sexual. El 84% de las víctimas de trata en Europa son traídas para a su explotación sexual. Solo una de cada 20 víctimas de trata es identificada en los países industrializados.

   En España las cifras oficiales muestran que (según datos de la Policía Nacional y de la Guardia Civil en el Informe de Seguimiento del Plan Nacional contra la Trata):

1.-El 90% de casos de trata se relacionan con la explotación sexual.

2.-Se detectaron 13.983 personas en situación de riesgo de trata y/o explotación sexual en el año 2014.

3.-Otras 13.879 personas en situación de riesgo de trata y/o explotación sexual fueron detectadas en el año 2015

4.-En el 2014 fueron detectadas 900 víctimas, en su mayoría procedentes de Rumania y, en menor medida, de Nigeria y Bulgaria (en situación regular). Destaca la disminución en la edad media, ya que cada vez las mujeres son más jóvenes, (22 años). En este grupo, siete eran menores.

5.-En el 2015 fueron identificadas 783 víctimas, de las que 22 resultaron ser menores de edad.

   En cuanto a la prostitución, estos son los datos más recientes:

1.-Se trata del segundo negocio más beneficioso del planeta, detrás del tráfico de armas y antes que el de drogas.

2.-El negocio de la prostitución reporta anualmente unas ganancias de entre 5 y 7 billones de dólares y mueve a unos cuatro millones de personas.

3.-Aproximadamente cuatro millones de mujeres y niñas son compradas y vendidas mundialmente, para forzarlas a la prostitución a la esclavitud o al matrimonio.

4.-Se cree que las mafias ganan 7.000 millones de dólares anuales.

5.-En la Unión Europea se calcula que en la industria del sexo se mueven entre 200.000 y 500.000 personas, siendo dos terceras provenientes de Europa Oriental.

   En España se registra un gasto diario en prostitución nada menos que de 50 millones de euros, habiendo alrededor de 15 millones de hombres como consumidores potenciales de sexo de pago. Y es que la prostitución mueve en España unos 18.000 millones de euros al año. Se sabe que el 32% de los hombres españoles consumen prostitución, se acuerdo con los datos del INE en 2009. A septiembre de 2016 los datos para Galicia son los siguientes: En el último estudio sobre trata de personas en Galicia (Silvia Pérez Freire, 2013) se señala que tratamiento diferente de la trata según su modalidad, es decir, sexual o laboral, y la dificultad de discernir la situación de trata derivada, entre otros factores, del consentimiento de la víctima y que, a pesar de que no constituyese eximente, ocasiona su invisibilización en el caso concreto de la trata sexual. Así, en este aspecto se puso de manifiesto que:

1.-La invisibilización de la trata de personas ante la ausencia de registros específicos y unificados.

2.-El perfil de las víctimas de trata sexual muestra a mulleres sobre todo procedentes de Brasil y de Rumanía donde el contacto con los tratantes se hallan en redes informales, es decir, en amigos de la familia, conocidos… La existencia de “consentimiento” invisibiliza a las potenciales víctimas en contexto de explotación sexual.

3.-El nuevo marco normativo legal supone un avance insuficiente. De ahí que se considera necesaria una ley integral de lucha contra la trata y la creación de un protocolo nacional común de derivación.

4.-Hay una vinculación fuerte de tráfico para la trata sexual, lo que hace necesario el desarrollo de estrategias de cooperación internacional.

5.-Continúa la confusión entre tráfico y trata.

6.-Los instrumentos de identificación de las víctimas son inoperativos: las oenegés detectan 1.537 víctimas entre los años 2010 y 2011, y la Guardia Civil contempla 605 mulleres en potencial riesgo de explotación sexual y o trata, en el año 2011. En el mismo período la Guarda Civil solamente registró tres denuncias. En cuanto a esto, en el último informe efectuado por esta fuerza se dice que: “… policialmente solo se conocen los casos que se investigan y ese conocimiento llega la mayoría de los casos a través de las denuncias de las víctimas por lo que es más que probable que queden muchos casos sin conocer”.

   Por último, en el Informe de la ONUDD dirigido a los profesionales de justicia penal se aclara que para que los agentes implicados en perseguir la trata sean más efectivos se ha de operativizar el concepto de víctima según unas características asociadas a su vulnerabilidad: persoal, geográfica y circunstancial a través de informes efectuados por oenegés y especialistas de acreditada experiencia en la trata, debido a la confusión que se da entre los propios agentes.

  Acabamos de ver que este tema es espinoso, grave y que por ello hay que tratarlo muy bien en los medios de comunicación con dos claves: no ser neutrales ante esta lacra y estar especializados. En el campo del mundo judicial y de la política, en el terreno de la violencia de género, de la trata de mujeres, el periodista se relaciona con el dolor. El dolor de agredidos, el dolor de familias, de acusados… Ya decía el catedrático de derecho de la Información, Desantes Guanter que hay que saber recibir información, “asunto que supone saber aplicar, y aplicar debidamente, las facultades a que, por naturaleza, se dirigen los mensajes: conocimiento, entendimiento, juicio, voluntad y, en segundo lugar, no dejarse llevar por la corriente de las apelaciones crípticas a los niveles inferiores de la personalidad: las pasiones, los sentimientos, el subconsciente, etc.” Para que el trabajo del periodista se aproxime más a la excelencia en el campo que nos ocupa, Robert Steele señala estas virtudes y actitudes que deben estar en el informador:

1.-Empatía y compasión, si el periodista no se puede poner en el lugar del que sufre, no podrá entender su dolor, no podrá informar bien.

2.-Sensibilidad, que no le sea indiferente ni el dolor del que tiene que informar ni del que puede causar esa información.

3.-Respeto.

4.-Templanza, que le permita saber cuándo tiene que irse y dejar de informar, pues de lo contrario podría meterse en la vida privada del doliente.

5.-Fortaleza, para hacer su trabajo con profesionalidad, a pesar de la impresión que le pueda causar la situación dolorosa.

6.-Discreción, en la realización de su trabajo así como en no revelar datos privados o personales de la víctima que no son relevantes para ser conocidos por el público.

7.-Prudencia, que supone la correcta aplicación de los principios morales, abstractos y universales.

   De acuerdo con Rafael Llanos, los nuevos discursos de la modernidad ya no pueden hablar de clases de individuos, por tanto, para adecuarse a la nueva realidad social, tales discursos han de hablar de “sociedades y subsociedades” de individuos que forman el Estado, el mercado, o aquellos ciudadanos interesados en el ámbito cultural, en el deportivo, económico, etc. Por todo ello expone Llanos que solo la especialización periodística puede hacer justicia informativa y crítica a la “lógica transversal, multirreferencial, refractaria a la clasificación” porque el periodismo especializado se parece a la interconectividad reticular, es uno de los grandes amigos de la sociedad abierta.

    No se puede apostar en ningún caso por la cosificación de la mujer en los medios de comunicación ni por trivializar las noticias en las que se ven envueltas mujeres. La corresponsabilidad familiar, la distribución de tareas entre el hombre y la mujer, son cuestiones importantes que han de acaparar la atención y ser objeto de un tratamiento serio y riguroso. Hay que evitar de igual modo el riesgo de victimización de la mujer, como ser que padece explotación, enfermedades, abusos, violencia de género. Recordamos que la Declaración de las Naciones Unidad sobre Eliminación de la Violencia contra la mujer, de 1993 entiende por tal violencia “cualquier acto violento basado en cuestiones de género que tiene como resultado, o tiene incluso la probabilidad de terminar con algún daño físico, sexual o psicológico o con algún tipo de sufrimiento para las mujeres, incluyendo amenazas de esas acciones, coerción o privación arbitraria de libertad o que suceda en la vida pública o privada”.

   Por desgracia España es uno de los países de destino de mujeres víctimas de trata con fines de explotación sexual. Por ello es fundamental iniciar campañas de sensibilización desde la escuela y en los medios de comunicación para cambiar el tratamiento de la trata de mujeres con fines de explotación sexual. De todos es sabido que en los últimos años llama poderosamente la atención de los medios de comunicación los casos de violencia contra la mujer. Aquí se peca de echar mano de un sensacionalismo improcedente o la falta de conocimiento profesional sobre esta vertiente informativa. La información debe respetar la intimidad de la mujer evitando aportar comentarios, expresiones, que justifiquen a los agresores. Es preciso transmitir a las damnificadas información sobre asistencia, publicar casos de ciudadanas que salen de este calvario de la violencia en su más amplio espectro. Además el medio tiene que rechazar toda violencia de género porque se trata de un problema social que afecta al derecho de libertad y al de dignidad de la persona. Si un periódico, una revista, un canal de televisión o una emisora de radio destacan solo lo negativo en un caso de violencia contra la mujer o incluso deja en ridículo los tópicos sobre el papel de esta en la sociedad, están comunicando un mensaje que pueden llevar a las mujeres a aceptar como ciertos, estereotipos en los que se alimenta la violencia contra ellas.

   No hay duda de que los medios deben presentar a hombres y mujeres de modo que en ellos la opinión pública pueda ver la diversidad de estos dos colectivos de género así como la importancia de las variadas funciones que desarrollan en la sociedad. Por ese camino se ayudará a superar la desvalorización femenina en nuestra sociedad.

   La violencia contra las mujeres en los medios españoles era un problema la mayoría de las veces invisible. Solo adquiría interés si se trataba de un hecho relevante, un asesinato, u otra situación grave, lo que merecía un breve o un suelto en la sección de sucesos. Alberdi y Matas señalan que la información sobre agresión a mujeres en casa no se entendía como malos tratos y puesto que carecía de valor informativo, aparecía sujeta a otras informaciones. De los años 80 son las primeras estadísticas sobre violencia contra las mujeres y el inicio de la reclamación de soluciones legislativas. Las informaciones acabaron saltando de las páginas de sociedad a las de política, lo que implica un giro por el que se empieza a tratar este asunto como cuestión social. Una investigadora como Concha Fagoaga indica que el acceso de la mujer a una situación de mayor igualdad y a las élites políticas y económicas, ayudó a la visibilización del problema de la violencia en los medios. A finales de los años 90, concretamente en 1997, se dio un gran cambio en este tema con el caso de Ana Orantes y su exposición en un programa de televisión, señalando que su exmarido la iba a matar. Dicho y hecho. Este la roció con gasolina y la quemó viva. Donis y Cuesta señalan que el caso de Ana Orantes dio a conocer una realidad que estaba escondida, y abrir un espacio de sensiblización para el debate.

   En el caso gallego, el Observatorio de Periodismo de Galicia, el Colexio Profesional de Xornalistas y la Xunta llevaron a cabo una investigación a finales de la década del 2000. Dentro del debate institucional en el ámbito gallego, hay que mencionar el relatorio sobre prostitución divulgado en marzo de 2009 por el Tribunal Superior de Xustiza de Galicia en el que se advertía del aumento del consumo de sexo de pago en nuestra comunidad, especialmente en los clubes situados en las carreteras que, en algunos casos, se convirtieron

   El Congreso español aprobó a 21 de septiembre, una proposición no de ley en la que se instaba al Gobierno a, una vez que el Consejo de Estado emitiese un informe sobre la cuestión, realizar una propuesta sobre la desaparición de los anuncios de prostitución. Entretanto, el Congreso apelaba a la autorregulación de los medios. Así mismo, la portavoz del PP en el Congreso, Soraya Sáenz de Santamaría, anunciaba que PP, PSOE e UPN trabajaban en un acuerdo para impulsar la supresión de esta clase de publicidad. Al día siguiente de ser apoyada esta proposición, el Parlamento Navarro comenzó a tramitar una ley que proponía que la Administración navarra no contrataría publicidad institucional con los medios que publicasen anuncios de sexo de pago, así como que tales medios no pudiesen recibir ayudas públicas.

   Los medios gallegos no son una excepción. Los datos obtenidos en este estudio del CPXG demuestran de manera explícita que la prostitución, la explotación sexual, la trata y el tráfico de personas con tal fin no forman parte de su agenda habitual. Durante un mes, en los 14 periódicos gallegos de pago solo fueron localizadas 123 piezas con alguna referencia a esta realidad (incluyendo tanto la información como la opinión y los géneros de humor). Y ni siquiera en la mitad de ellas la prostitución, la explotación sexual y la trata y el tráfico de mujeres y la explotación sexual son el tema principal de la información.

   A veces hemos escuchado a colegas decir: “Los medios reflejan la realidad. Si no se publicaron más noticias, es que no hubo hechos susceptibles de serlo”. El que un determinado hecho sea noticia en un medio y no en otro derriba el argumento anterior. El número de asuntos que cada día forman parte de la agenda de un medio de comunicación es, por naturaleza, limitado. Los periodistas del medio escogen aquello que es o no noticia, de acuerdo con criterios de noticiabilidad, a los criterios de conveniencia interesada de la empresa propietaria del medio, a lo que entra o no en su línea editorial y al criterio de que sea un tema atractivo para sus lectores. Y la violencia de género es un ejemplo muy claro de que no se le hizo hueco en la agenda mediática hasta que así lo provocó el impacto que tuvo el asesinato de Ana Orantes en 1997. La prostitución, la explotación sexual y la trata y el tráfico de personas siguen sin formar parte de esa agenda diaria de información.

   Continuando con la composición de la agenda mediática y sus temas, se deduce del mencionado estudio que en las informaciones sobre prostitución, explotación sexual y trata y tráfico de seres humanos existen dos patrones dominantes:

  1. La crónica negra.
  2. La frivolización y la espectacularización, con non pocas pizcas de crónica rosa. Por ejemplo, en el estudio referido, en diciembre los temas, a modo pendular entre las noticias de detenciones juicios y crímenes varios (operaciones contra redes de trata y tráfico de mujeres, asesinatos, la compleja trama de la operación Carioca…) y la compra de sexo de pago por parte de personajes famosos –de un primer ministro, el italiano Berlusconi, a una referencia en el mundo del golf, Tiger Woods–. De esta conjunción entre el mundo de la fama y la prostitución nace el espectáculo, la representación informativa cual escena con gancho para captar la atención de los lectores. Pero es más, cuando la persona intenta aprovechar su fama para denunciar las injusticias y la vulneración de los derechos humanos que se esconden tras ciertas caras de la prostitución –pensemos en el caso de la campaña contra la trata que Emma Thompson protagonizó– los medios destacaron en primer plano la parte más frívola –las preferencias por Almodóvar de Thompson o sus opiniones sobre la cirugía y las redes sociales–.

   Que sean las informaciones sobre trata y tráfico de personas las más abundantes (abordadas en buena parte de las ocasiones como sucesos, a raíz de redadas policiales) guarda relación con el hecho de ser este tema destacado en el discurso oficial, sobre todo tras la aprobación do Plan Integral de Lucha contra la trata de seres humanos con fines de explotación sexual en diciembre de 2008 por parte del Gobierno estatal, que incluye entre sus objetivos mejorar la capacidad de las fuerzas y cuerpos de seguridad para investigar y luchar contra la trata. Las agendas de los medios son dependientes de las fuentes oficiales y, en cuanto al abordaje de la violencia de género, más en concreto, de la prostitución, la explotación sexual y la trata y tráfico de personas con tal fin, son sobre todo de las fuentes policiales. En este, como en otros temas, la agenda institucional se traslada de manera casi automática y sin apenas cambios a la agenda mediática.

   La iniciativa institucional está por detrás de la difusión de las diversas operaciones policiales cuyos datos son facilitados a las redacciones por las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado y divulgados por los medios. Si la iniciativa no parte de las instituciones, la presencia y apoyo de estas es fundamental para que alcance suficiente relieve a ojos de los medios. En otros casos la iniciativa del medio se limita a las rutinas establecidas, o sea, al seguimiento del proceso judicial, sin haber un intento de ir más allá de los datos de las propias fuentes judiciales. Falta investigación, que está ausente de la cobertura informativa.

   Si bien todo lo que se lleva avanzado en esta espinosa cuestión se debe al trabajo de las distintas asociaciones que la han puesto en escena, en Galicia fue Alecrín quien en su día denunció confusión, destacando como principales factores el hecho de que la información sobre prostitución en los medios gallegos, abordada como sucesos, se centrase en redadas en clubes de alterne que tenían como principales víctimas a las propias mujeres que allí trabajaban en la prostitución, detenidas por su situación de irregularidad en el país. Mientras proxenetas y redes conseguían esquivar la justicia con estratagemas varias, las mujeres terminaban siendo las principales afectadas por la actuación policial. Tal tipo de información, destacaba Alecrín, contribuía además, a criminalizarlas, dado que por una deficiente explicación, el lector podía quedar con la idea de que eran detenidas por ejercer la prostitución.

   Así explicaba que si la noticia iba en la sección de sucesos, seguramente respondía a una redada policial en los locales de los proxenetas, quienes impunemente ejercen la explotación sexual de las mayoritariamente mujeres inmigrantes irregulares que son detenidas por su situación no regularizada en el Estado y que nada tiene que ver con el ejercicio de la prostitución. Así sea criminaliza a las víctimas y se invisibiliza al verdadero promotor de esta situación, el proxeneta. A la vez, la opinión pública genera la idea de que la prostitución está ilegalizada y por ello las mujeres se ven perjudicadas.

   Respecto del tratamiento que se adopta hacer de la prostitución en la información de sucesos caben dos reflexiones. En primer lugar, al poner la atención fundamentalmente en las redes de trata y de tráfico, se ofrece una imagen simplificada de la prostitución que no deja ver toda la complejidad de esta realidad ni sus diversas facetas: el hecho de que no todo es prostitución forzada sino que existe prostitución voluntaria e que esta actividad puede ser escogida como opción frente a otros trabajos que también pueden estar sujetos a explotación laboral, economía sumergida y ejercicio en precario –piénsese en el trabajo doméstico o en hostelería, altamente feminizados, e que están entre las opciones laborales a las que fundamentalmente quedan abocadas, junto la prostitución, las mujeres inmigrantes.

   Por otro lado, aún siendo positivo que las informaciones orienten el foco hacia los proxenetas y las redes, y no a la criminalización de las mujeres que ejercen la prostitución, el hecho de que lo hagan fundamentalmente como correa de transmisión de las operaciones policiales encierra riesgos. El principal, no ir más allctimas desistan de continuar con el proceso judicialetas, or la actuacidi,iciabilidad, a los criterios de conveniencia interesadá de la intervención de la Policía, del momento de la detención. Se necesitan informaciones que analicen la situación en que quedan las mujeres una vez es desarticulada la red, también en qué medida proxenetas y redes reciben o no castigo por sus actos en cuanto que el miedo, las amenazas, la inseguridad, han provocado que las víctimas desistan de continuar con el proceso judicial.

   Este tipo de información también debiera formar parte de la agenda de los medios, mas para eso sería preciso una intervención activa, desde un periodismo de análisis y especialización, que fuese más allá de lo indicado por las fuentes organizadas.

   En cuanto a los actores que protagonizan la información, están ligados de modo estrecho a la información sobre detenciones, redadas policiales y crónica judicial. Son, en primer lugar, las mujeres que ejercen la prostitución, que en las noticias se presentan fundamentalmente como víctimas de las redes y de la explotación de los proxenetas, liberadas por la acción de las fuerzas policiales o implicadas en los procesos judiciales que juzgan o condenan a quien las explotó o maltrató. Pueden aparecer en los titulares en relación con las actuaciones policiales y judiciales (el caso mayoritario de las informaciones) o como objeto de las campañas de concienciación que, bien desde la iniciativa política o bien desde las asociaciones denuncian las situaciones de explotación a las que pueden verse sometidas. En ambos supuestos las mujeres son protagonistas como objetos, no como sujetos. Non son ellas los sujetos de la acción, non son ellas las que hablan, sino que sobre ellas se actúa y, siempre en tercera persona, se habla. Las prostitutas aparecen así como un grupo abstracto. No se detiene la información en realidades concretas, en historias de vida, en contextos particulares. Las informaciones sobre actuaciones policiales se limitan a dar los datos que la policía aporta, que son pocos y distanciados, por el lógico respeto al anonimato y por seguridad. Prácticamente nunca, en las informaciones analizadas, su autor se desplaza al lugar de los hechos o intenta completar lea información por medio de otras vías que puedan allegar una perspectiva más pausada y analítica, como las expertas y los actores del tejido cívico organizado que prestan su apoyo de manera muy próxima a las personas que ejercen la prostitución (asociaciones feministas, organizaciones asistenciales…).

   Pero los medios informan mucho más sobre detenciones que sobre condenas. Los procesos judiciales son largos y no siempre acaban con la condena de los implicados en la red, como hemos apuntado. Y cuando se condena a un proxeneta, su identidad no es difundida cuando sí habría que hacerlo.

  Los grandes ausentes en la información son los compradores de sexo. De sus características, condiciones y motivaciones del hombre común que paga por sexo, poco se dice en el día a día de los medios por iniciativa propia suya a no ser que se crucen realidades tangenciales como la información que se da en la Comisión de Seguridad Vial al respecto de que un tercio de los atropellos en Galicia acontecen en las proximidades de los clubes de alterne. O que los compradores de sexo se vean implicados en situaciones delictivas y procesos judiciales (Multado el hombre que estafó a una prostituta al negarse a pagarle por sus servicios, El Ideal Gallego, 13 de diciembre). O que de ellos hablen asociaciones o personas expertas. Por tanto, la información se centra en la mujer que ejerce la prostitución y no en el comprador de sexo, a pesar de que hacer esto en muchos casos sería posible con un cambio de perspectiva del periodista. Entre los actores que menos ocupan el protagonismo de la información, están los políticos, los vecinos y el movimiento asociativo, además de las voces expertas junto con el movimiento feminista.

   La ausencia de especialización hace que todavía se vean tratamientos informativos flojos de casos de violencia contra las mujeres. No se puede presentar a la víctima como un ser pasivo ni atribuir las agresiones a celos o pasiones amorosas del agresor, porque a lo mejor hay que hablar de que la víctima había decidido poner fin a ese matrimonio. Tampoco se puede caer en el error de atribuir la agresión a méritos hechos por la víctima para ser objeto de ella. Los medios de comunicación son importantes instrumentos de socialización que también imponen, marcan pautas de comportamiento y modelos de referencia para toda la comunidad, además de perpetras el orden social establecido, como recuerda Marta BachMarian Meyers en sus investigaciones concluye que la prensa reproduce el mundo masculino con sus perspectivas que ayudan a perpetuar ciertos estereotipos que van en detrimento de las mujeres porque se las ridiculiza, se las minimiza o se las retira de los contenidos. Helen Benedict pone el acento en cómo algunas representaciones negativas de las mujeres modelan la comprensión abstracta de un crimen que ha quedado reducido a los componentes más superficiales, relacionados con la apariencia. Karin Gutjahr analizó cómo los medios espectacularizan los casos de asalto sexual a las mujeres destacando detalles y reduciendo la violencia de género a actos propios de un loco y así, de nuevo, desarma el viejo mito del agresor desconocido y muy violento, proponiendo otro más familiar y razonable del abusador frecuente cuyos crímenes no necesariamente rematan en muerte truculenta sino con una silenciosa erosión psíquica. Y Gale Mortland señala cómo los medios, al narrar agresiones sexuales, no solo montan, construyen la imagen de una mujer accesible y dispuesta para el asalto, sino que así difunden una idea equivocada de la violencia y la sexualidad, vinculando esta última a la primera.

   Pero no todo está perdido en los medios de comunicación pues ya los hay que generan información sobre la violencia contra las mujeres sin necesidad de que haya habido un caso, optando por desarrollar una labor de sensibilización en la sociedad. Tomemos notas de algunos de los errores que se han visto en los medios en relación con esta violencia:

1.-Asumir esta violencia como algo inevitable

2.-Hacer una lectura aislada de dicha violencia, olvidando que es estructural

3.-Contar el caso, cuando lo hay, y solo eso, es decir, no publicar en otras ocasiones informaciones para sensibilizar a la sociedad, para facilitar recursos.

4.-Centrarse en el después de los hechos y no en su prevención

5.-Tratar a la agredida como ser pasivo

6.-Buscar argumentos que justifiquen la agresión, es decir crimen pasional, celos

7.-Culpar a la conducta de la mujer como desencadenante de la agresión

8.-Aportar argumentos que victimizan a la mujer o la culpan.

   Tras recibir quejas de colectivos sobre el tratamiento en los medios gallegos de alguna información relacionada con denuncias de agresiones sexuales, la Xunta de Goberno do Colexio Profesional de Xornalistas de Galicia recuerda la necesidad de respetar el Código Deontolóxico do Xornalismo Galego (CDXG), así como las recomendacións de la Declaración de Compostela. Y señala como necesaria la necesidad de “Observar sempre unha clara distinción entre feitos e opinións ou interpretacións, evitando […] a difusión de suposicións e rumores” (Art. 1 do CDXG) e de “difundir unicamente informacións fundamentadas, evitando en calquera caso afirmacións ou datos imprecisos e sen base dabondo, que poidan lesionar ou menosprezar a dignidade das persoas e provocar un dano ou descrédito inxustificados” (Art. 2 do CDXG). As especulacións, especialmente aquelas que poidan redundar en culpabilización das vítimas, non teñen cabida nun xornalismo responsábel. 

Asemade, tendo en conta que as agresións sexuais están contempladas como violencia de xénero dentro da Declaración de Compostela (Art. 2), cómpre lembrar que ”ante este este tipo de delitos non cabe a neutralidade” e que os medios deben adoptar “un compromiso activo na denuncia da violencia de xénero” (Art. 4 da Declaración de Compostela). Especialmente grave é a aparición de estereotipos que poidan xustificar en calqueira maneira a agresión sexual ou responsabilizar a vítima (Art. 11 da Declaración de Compostela: “a vítima nunca é responsábel do feito violento, polo que é preciso evitar un tratamento informativo que a culpabilice”). Neste sentido, é preciso tamén apelar ao Art. 10 do CDXG, que recolle a obriga de “observar escrupulosamente o principio de presunción de inocencia nas informacións e opinións relativas a causas ou procedementos penais en curso. O Colexio Profesional de Xornalistas de Galicia apela á responsabilidade dos medios de comunicación galegos para respectar estes e outros artigos do Código Deontolóxico e da Declaración de Compostela á hora de informar sobre denuncias de agresións sexuais. Só así pode conseguirse un xornalismo comprometido coa denuncia desta lacra que significa unha violación dos dereitos humanos e un atentado contra a liberdade e a dignidade das persoas”.

   Qué hay que hacer, pues, desde una redacción periodística ante tal situación?

1.-Buscar un modo equilibrado de tratamiento al agresor y a la víctima. Como están protegidos por la presunción de inocencia, han de darse su identidad no completa. Ojo con las agredidas, no facilitar no solo la identidad sino todos aquellos datos que sirvan para ubicarla, es decir, no decir de dónde es, en qué pueblo o calle vive, etc.

2.-No es de interés periodístico el capítulo de costumbres o hábitos de la víctima.

3.-No se debe referir el medio a la mujer agredida faltando al respeto o al rigor, usando motes o expresiones coloquiales.

4.-Hay que prescindir de hacer un relato como de novela negra o como el de las crónicas de suceso. Fuera todo dato irrelevante que solo ayuda a que crezca el morbo.

5.-desechar referirse a una agresión contra la mujer como crimen pasional o locura de celos.

   Conviene insistir en que la violencia de género es una información especializada lo que implica uso de fuentes concretas, y su tratamiento por periodistas especializados. Igualmente es necesario preparar informaciones que se hagan eco de la complejidad de esta violencia; promover la tolerancia cero en este terreno sin miedo a dejar de ser neutrales. Silencio es igual a complicidad.

   Emplear lenguaje no sexista, hacer uso de los términos y conceptos en relación con esta clase de violencia; recurrir a nuevas fuentes más especializadas, no dar voz a todos aquellos que nieguen la violencia contra la mujer. Ojo con las fuentes viciadas: agentes de seguridad quedan su opinión propia en esos momentos de fragor; incluso las propias víctimas, o de los vecinos, etc.

   Respetar la dignidad de las víctimas, evitar tratamientos sesgados de los agresores, que los hay en todos los grupos sociales no solo en unos determinadísimos. Como la violencia de la que hablamos es un problema social y político, no ha de verse ni tratarse como casos aislados sino ir más allá de ese estereotipo de hombres agradables y educados, según los vecinos, rompiendo así ese estereotipo porque quien maltrata, quien mata a una mujer en realidad es un presunto asesino, un presunto homicida. Y con ese hombre no puede haber indulgencia.

   Asunción Bernárdez recomienda evitar modelos de mujer que lesionen su dignidad, insiste en que la violencia contra la mujer atenta contra los derechos humanos; no hay que confundir morbo con interés social. Aunque este tipo de violencia no es un suceso ni una noticia de interés comercial, lo primordial, lo urgente es resolver el problema. Bernárdez nos habla de identificar al agresor pero respetar la dignidad de la víctima, además de no caer en tópicos ni en el amarillismo. A modo de conclusión diremos que los medios de comunicación han de adquirir o reforzar un compromiso democrático con la sociedad a la que sirven, compromiso que les lleve a una toma de posición tanto de los propios medios como de la profesión periodística frente a la violencia contra las mujeres.

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