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La fachada que en Alcalá nos oculta la sorpresa de un espacio único

 

Detalle de la fachada principal con la talla de San Bernardo sobre la puerta central y dos óculos elípticos. FOTO: J.M.G.
Detalle de la fachada principal con la talla de San Bernardo sobre la puerta central y dos óculos elípticos. FOTO: J.M.G.

JESÚS MANUEL GARCÍA. Nos acercaremos hoy a conocer un edificio singular como es la iglesia monumental del monasterio cisterciense de San Bernardo, en Alcalá de Henares. Está considerado como una joya de esta ciudad y uno de los mejores ejemplares de arquitectura barroca en España. Todo empezó en los primeros años del siglo XVII con el cardenal arzobispo de Toledo, Bernardo de Rojas. En aquel entonces los arzobispos toledanos poseían un palacio arzobispal en la villa de Alcalá de Henares. Sandoval ofreció a la ciudad un monasterio a construir al lado de su palacio o, de no ser así, donde los responsables municipales deseasen. Estos no dudaron en aceptar el ofrecimiento del cardenal donde él quería el nuevo edificio, pues se trataba de un barrio húmedo e insalubre, en el que años atrás habían estado los moriscos. Se tiraron las casas viejas y se levantó el monasterio, que el fundador no vio prosperar.

Otro detalle, con la puerta central y los escudos del cardenal arzobispo promotor. FOTO: J.M.G.
Otro detalle, con la puerta central y los escudos del cardenal arzobispo promotor. FOTO: J.M.G.

Bernardo de Sandoval y Rojas había estudiado en la Universidad de Alcalá y en la de la Salamanca. A la ciudad del Henares se desplazaba para descansar en su palacio arzobispal. Se trataba de un mecenas amante de las artes y las letras e incluso ayudó a Miguel de Cervantes. Las obras de monasterio de San Bernardo se iniciaron en 1617, un año antes de la muerte del promotor. Su proyecto contemplaba un cenobio para 24 monjas que tendrían que vivir allí sin dote, sin renta ni bienes, dedicadas a Dios totalmente, y a la oración. Allí permanecieron las monjas del císter hasta el año 2000. El monumento tiene hoy doble finalidad: la turística y la litúrgica, pues en su iglesia celebra la misa dominical la comunidad polaca de esta ciudad.

Este inmueble es monumento arquitectónico-artístico desde el año 1924. El director de la obra fue Juan Gómez de Mora. Ocupa una parcela de 8.000 metros cuadrados. Lo primero que vemos es la fachada principal de la iglesia monacal, ante la plaza donde antes se hallaba la Almanxara de los moriscos. La fachada está construida en ladrillo granito y piedra caliza. Tiene tres niveles, en el inferior, tres puertas, siendo las laterales adinteladas y la central con arco de medio punto. Sobre esta, una hornacina muestra la imagen de San Bernardo, cuyo autor se dice fue el portugués Manuel Pereira. A ambos lados de esta escultura hay sendos vanos elípticos, que hacen alusión a lo femenino, a la Virgen María.

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Panorámica de la iglesia desde el balcón principal. Obsérvese cómo el chapitel del templete en la capilla mayor coincide con la imagen de María subiendo al Cielo, en la pintura de Nardi. FOTO: J.M.G.

En la piedra caliza, que describe líneas horizontales que dividen en tres cuerpos la fachada, hay inscripciones. En la superior se menciona la gloria de Dios, en la intermedia se hace referencia al papa y al rey y en la inferior, al cardenal arzobispo fundador del cenobio. En esta fachada campean los escudos del cardenal, siendo el que se coloca en la parte superior más grande. Si alguien pudiese ver en ello un afán de protagonismo desmedido del cardenal, hay que prestar atención a que sobre el gran escudo está el cuerpo superior de la fachada, que describe un triángulo con un óculo en el centro: el ojo de Dios. Dios por encima de todos.

La cúpula elíptica es la más grande de España en su género. FOTO: J.M.G.
La cúpula elíptica es la más grande de España en su género. FOTO: J.M.G.

Otro detalle es que al ver esta fachada con tres puertas nos lleva a deducir que en el interior nos vamos a encontrar con un templo de tres naves. Cual es la sorpresa del visitante al entrar y contemplar una maravillosa iglesia de planta oval coronada toda la planta por una cúpula de la misma forma que hace de este espacio un lugar singularísimo. Es la cúpula elíptica más grande de España. A través de sus óculos y de la linterna permite pasar la luz solar y llenar de esta todo el espacio.

Otra vista de la singular cúpula que nadie se espera encontrar cuando observa el exterior. FOTO: J.M.G.
Otra vista de la singular cúpula que nadie se espera encontrar cuando observa el exterior. FOTO: J.M.G.
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De las seis capillas que circundan la iglesia hay dos rectangulares siendo el resto elípticas. FOTO: J.M.G.
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En el primer piso el protagonismo lo tienen los balcones que rodean el espacio del templo. FOTO: J.M.G.
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La cúpula, que se derrumbó en 1939, fue reconstruida y sigue conservando la espectacularidad de su envergadura. FOTO: J.M.G.
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La luz que inunda el templo proviene de los lunetos de la cúpula así como de su linterna. FOTO: J.M.G.
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El edificio hoy está dedicado al turismo aunque el obispo de Alcalá cedió la iglesia para el culto dominical de la comunidad polaca de esta ciudad madrileña. FOTO: J.M.G.
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A la izquierda observamos el balcón principal sobe el arco de acceso al espacio sagrado desde la calle. FOTO: J.M.G.

La planta centralizada está rodeada por seis capillas de las que dos son rectangulares y las demás, elípticas. Como señala Llul Peñalba, la planimetría elipsoidal no se conocía en aquel tiempo en el ambiente artístico de Madrid por lo que hay que encontrarla en Roma aunque cree que Gómez de Mora pudo inspirarse en el Tratado de Serlio o incluso en el proyecto que Vicenzo Danti trazó para la basílica escurialense.

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Templete exento en la capilla mayor, en el que se combina la pintura con la escultura de un modo admirable. FOTO: J.M.G.

En el primer piso vemos siete balcones siendo el principal el que se halla sobre la entrada al templo. La capilla mayor la encontramos de frente y en ella destaca el templete exento tras el que se ubica el coro monástico. Este templete tiene policromía y escultura, obra del jesuita Francisco Bautista. Posee planta octogonal y dos cuerpos. En el inferior se ven las esculturas sedentes de los cuatro evangelistas con sus símbolos. En el cuerpo alto están San Gregorio, San Ambrosio, San Pablo, San Agustín, San Pedro y San Jerónimo. A Antonio de Herrera se atribuyen estas tallas, sin embargo hay debate pues otros investigadores sostienen que el autor pudo ser Alonso Vallejo, Giraldo de Merlo o Antón de Morales.

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El templete simboliza y al mismo tiempo crea escenografía en el espacio misterioso del templo. FOTO: J.M.G.

Las pinturas en esta iglesia son de Ángelo Nardi, italiano que trabajó en Madrid y que en el año 1619 fue llamado a pintar para decorar la capilla mayor de este monasterio femenino. Así, en la predela del templete pintó tanto escenas alusivas a la vida de San Bernardo como de santos de la orden del Císter. Recientemente se ha comprobado que hay influjo iconográfico de la obra Vita et Miracula, del año 1587 sobre este ciclo.

Diversos cuadros de Nardi decoran el muro de la capilla mayor en el cual se ven las rejas que nos separan de la clausura en la que residieron monjas desde el siglo XVII hasta el año 2000. FOTO: J.M.G.
Diversos cuadros de Nardi decoran el muro de la capilla mayor en el cual se ven las rejas que nos separan de la clausura en la que residieron monjas desde el siglo XVII hasta el año 2000. FOTO: J.M.G.

En las capillas laterales pintó, si comenzamos por los pies del templo y en sentido contrario a las agujas del reloj, Adoración de los Pastores; la Adoración de los Reyes; la Resurrección, la Ascensión de Jesús, la Circuncisión y la Asunción de María. Hoy están colocadas estas obras sin seguir el orden original. Los cuadros de Nardi en la capilla mayor nos permiten ver, si empezamos desde la parte superior del muro hacia abajo: la Coronación de María; la Anunciación; la Lactatio de San Bernardo; la Imposición de la casulla a San Ildefonso; la Inmaculada; Santa Humbelina y Santa Lutgarda. En el lado de la epístola vemos los lienzos de Santo Domingo, Crucifixión de San Pedro y el Martirio de San Esteban. Del lado del evangelio están San Francisco, la Conversión de San Pablo y el Martirio de San Lorenzo.

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Vista panorámica de la cúpula desde el exterior, lo cual solo es factible desde puntos elevados como la torre de Santa María. FOTO: J.M.G.

En este monasterio primero se sitúa la iglesia y tras ella, las estancias de las monjas, en un segundo plano, discreto, de clausura. Tiene dos claustros que no se visitan porque el monasterio va a ser sometido a un proceso de restauración. La gigantesca cúpula de las bernardas se vino abajo en 1939, como consecuencia de incendio que se llevó por delante la zona más interesante del contiguo Palacio Arzobispal, que en aquellos años se utilizaba como Archivo General de la Administración. Entre 1941 y 1945 se hizo la reconstrucción de la cúpula y en 1980 se le colocó una nueva linterna.

La visita permite ver algunas estancias como la cocina o la cámara que hay sobre la entrada al templo, desde la que se accede al mismo desde el balcón central, el que usarían los reyes o los visitantes más ilustres. En esa zona se conserva el pavimento original.

El pasillo hacia las habitaciones tiene acceso directo a los balcones que jalonan la elipse y desde los cuales la perspectiva del templo es única. Por cierto, el templete de la capilla mayor no tiene cruz coronando el chapitel, como sí sucede en las torres de la ciudad. No le hace falta intencionadamente porque al mirar esa punta del chapitel desde el balcón principal se ve que coincide con el cuadro de la Asunción de María, y se aprecia el cuerpo de esta subiendo al cielo sobre la punta del chapitel. Un detalle que solo se alcanza a ver plenamente desde el balcón situado en el primer piso. Es un espectáculo visitar este monumento alcalaíno, muy bien situado pues a un lado tiene lo que queda del Palacio Arzobispal, que hoy es sede del Obispado de Alcalá desde que esta ciudad recuperó la sede episcopal a finales del siglo XX. Al otro lado se halla el no menos histórico convento dominico de Teólogos de la Madre de Dios, que hoy es sede del Museo Arqueológico Regional. Un suma y sigue de encantos patrimoniales y culturales en la ciudad complutense.

Publicado elAlcalá de HenaresArquitecturaArtePatrimonio

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