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Santa María Nai, más que una fachada

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Esta iglesia no parece haber sido en la antigüedad solar de la primitiva catedral ourensana. FOTO: J.M.G.
Esta iglesia no parece haber sido en la antigüedad solar de la primitiva catedral ourensana. FOTO: J.M.G.

JESÚS MANUEL GARCÍA. Nos centraremos hoy en otra fachada monumental de la ciudad de Ourense. Nada menos que la de la iglesia de Santa María Nai. Su restauración costó 52.000 euros para acabar con los daños más importantes, que se registraban en las partes más ornamentales de la piedra que forma el conjunto. Fue en el año 2005 cuando se iniciaron los trabajos con la eliminación de flora, la desalación y la posterior consolidación. Aquel trabajo había sido promovido desde la Oficina del Peri.

   Este conjunto barroco de tres cuerpos rematados por dos torres no estaba mal conservado aunque sí padecía importantes alteraciones con pérdidas de piedra. Lo más dañado eran las columnas prerrománicas y otros ornamentos graníticos. Por cierto que el granito de esta fachada es claro, de dos micas, con bandeados de oxidación y las columnas prerrománicas son de posible mármol de O Incio.

   A esta fachada le han afectado las fuertes diferencias de temperatura y la humedad relativa del aire, que erosiona el granito. El intenso calor estival de Ourense hace que las sales solubles cristalicen y provoca expansión y contracción de los minerales. Las temperaturas bajas invernales y las heladas pueden acelerar el deterioro de la piedra con elevada porosidad. Las emanaciones de gases de los coches ya no le afectaban en aquel entonces a la fachadaa pero sí antaño. De ahí que presentase costras negras de yeso, amén de contaminación por otros combustibles fósiles, incendios forestales, etc. No poseía dicha fachada elementos de evacuación de aguas de lluvia ni pendiente en las cornisas. Por eso se encharcaban y se disolvían los morteros de las juntas. La contaminación atmosférica le ocasionó placas y arenización, justo lo que más daña el granito. Además tenía líquenes, plantas superiores en las cornisas y juntas de sillares de la mitad superior del conjunto y contaba con presencia de algas, bacterias y hongos.

   Las columnas antiguas del segundo cuerpo se hallaban protegidas para que no se desprendiesen trozos por fisuras. Se habían detectado igualmente fisuras en los capiteles, y los del segundo cuerpo tenían una pátina diferencial por sulfatación y recarbonatación de la piedra. A toda esta situación se añadían los excrementos de paloma. Los capiteles de esta fachada monumental se hallaban hace diez años en un alarmante estado de conservación pues padecían un proceso de agrietación.

El ejemplo de Santa Eufemia

   La actuación en esta zona del monumento se basó en la experiencia previa de la restauración de la iglesia de Santa Eufemia, en la que se llevó a cabo un análisis geológico para frenar la enfermedad de la piedra. Aquella actuación representó una innovación en la ciudad. Semejante hito pasó por la realización de un exhaustivo análisis radiográfico de la piedra para detectar sus enfermedades. Así, en el inmenso telón pétreo de Santa Eufemia se identificaron dos enfermedades en un granito de dos micas, producidas por los excrementos de aves amontonados en las zonas más resguardadas, por la humedad detectada en las partes inferiores y el lavado de fábrica por la lluvia debido a la rotura de elementos horizontales.

   A esto se sumaron las condiciones anuales de humedad y calor, de heladas y fuerte insolación. Y, por si fuera poco, los sulfuros presentes en la atmósfera y partículas procedentes de la combustión de gasóleos y derivados. Conviene conocer lo que se hizo en Santa Eufemia porque es lo que luego se llevó a cabo en la fachada que nos ocupa. En Santa Eufemia se daba un ennegrecimiento más acusado bajo las cornisas y en los cuerpos laterales, por estar menos ventilados y en la zona baja por el tráfico cuando esa zona estaba abierta a la circulación rodada.

   En zonas preservadas se apreciaron retenciones de humedad, recubrimientos de algas, musgos y líquenes que en algunas zonas incorporaban plantas superiores. Se notaba de forma importante en la parte más alta del conjunto. Algunos sillares padecían arenización. Otros bloques de piedra presentaban placas de espesor variable por cambios de temperatura y humedad que en muchas áreas cayeron y en otras se conservaban inestables. Había también ampollas, pasaporte futuro a la entrada de agua. Los depósitos de excrementos de palomas y gaviotas aportaron a la piedra una dañina cantidad de fosfatos y nitratos por su acidez. La hermosa fachada tenía cornisas rotas, lo mismo que las impostas y fisuras por dilatación de partes metálicas.

   La fachada tiene granito del tipo OR mientras que el de la torre es granito tipo OR-T, dicen los expertos de GEA. Al observar el nivel de conductividad de las muestras tomadas en diversos puntos de la fachada, se detectó una variación en función de la profundidad de extracción de la muestra. Y es que las sales en el exterior de la piedra se desplazan hacia el interior mediante disolución y precipitación. A los técnicos les sorprendió que en las partes bajas de la fachada ese desplazamiento hacia el interior de la piedra era más veloz por ser una zona más húmeda debido al ascenso capilar y por recibir más sales del lavado del conjunto. La presencia de azufre, fósforo y cloro como la de fosfatos era importante porque el agua que corre por la fachada de Santa Eufemia estaba muy acidulada. De las sales la más abundante fue el yeso por transformarse la calcita al haber dióxido de azufre. Se comprobó que la limpieza era más completa usando silicato de aluminio en vez de arena porque esta deja rugosa la superficie de la piedra con riesgo de descohesión granular. Toda la fábrica quedó protegida gracias a la canalización y eliminación del agua en la fachada, hubo que reponer mortero de juntas entre sillares, impermeabilizar las partes horizontales, sellar fisuras y colocar un sistema contra las palomas. El proceso supuso un estudio detallado del granito como si se tratara de una operación dermatológica. Tras este resumen pionero en la ciudad, se pudo aplicar también a Santa María Nai, lo que hoy permite disfrutar del buen aspecto de su estampa, que forma parte del paisaje urbano ourensano.

La fachada conserva ocho columnas prerrománicas que pudieron haber pertenecido a otro edificio de la época. FOTO: J.M.G.
La fachada conserva ocho columnas prerrománicas que pudieron haber pertenecido a otro edificio de la época. En ella destaca, además, la prominente peineta, de mayor altura que las torres campanario que la flanquean. La peineta luce  blasón circular cuartelado, con brazo armado naciente del flanco diestro empuñando una daga; león rampante, castillo, árbol arrancado y águila coronada. Timbrado con una cruz latina y capelo con sendos cordones de seis borlas a cada lado, que representa la dignidad propia del obispo. En este caso son las armas del obispo Marcelino Siuri. FOTO: J.M.G.

¿Un templo del siglo VI?

   Olga Gallego señala que este es el templo más antiguo de la ciudad, y que date probablemente del siglo VI. Aquella primera iglesia fue reconstruida por el obispo Ederonio en 1084, tal como reza la inscripción sobre la puerta lateral, por la que en tiempos se accedía al claustro y cementerio de esta iglesia. Se trataría de un inmueble románico, de pequeñas dimensiones, a juzgar por noticias que nos quedan de Muñoz de la Cuenva, pero Gallego señala que las evidencias no nos permiten pensar en un edificio románico pues, fijándonos en las ocho columnas tardorromanas o germánicas que luce la fachada barroca, ya fuesen de la primitiva iglesia o de un edificio de carácter civil.

   Santa María Nai fue lugar de enterramiento de los obispos de Ourense hasta que se construyó la actual catedral. La documentación desvela el nombre de algunos obispos inhumados en Santa María Nai, bien en la capilla que tenía dedicada a San Ildefonso o en la de Santiago. El edificio que hoy contemplamos es del siglo XVIII. Fue construido en 1722 por orden del obispo Juan Muñoz de la Cueva una vez derribado el primitivo templo, acción que tuvo lugar en 1717 bajo el pontificado de Siuri.

   En la fachada norte, sobre la puerta, fue colocada una inscripción en 1722 que alude a la basílica que había levantado Ederonio en el siglo XI. Masdeu la tradujo del latín y viene a decir: “Está abierta para todos la puerta de este sagrado templo. Los fieles cristianos derramen aquí sus corazones delante de Dios y lloren amargamente sus pecados y entrando así afligidos salgan alegres porque Jesucristo perdona las culpas a quien las confiesa y las llora. El obispo Ederonio empezó la fábrica de esta iglesia en la era de 1122, año de 1084”.

La fachada barroca, con la primera iluminación de la noche, es una postal e icono del viejo Ourense. FOTO: J.M.G.
La fachada barroca, con la primera iluminación de la noche, es una postal e icono del viejo Ourense. FOTO: J.M.G.

   En esta iglesia residían el estudio de Gramática de la catedral así como la Cofradía de Santa María Nai. El debate sigue abierto acerca de si en el solar de dicho templo estaba la primitiva catedral de la diócesis. Eduardo Carrero Santamaría piensa que en Ourense la pérdida de la catedral previa o el hecho de que pudiese encontarse en obras llevó “a la adaptación de un templo cercano o al uso de la capilla episcopal, en este caso Santa María la Madre, como catedral eventual”. Este investigador considera que no es fácil sostener si el conjunto episcopal ourensano “gozó, desde un inicio, de dos iglesias dedicadas a la Virgen y a San Martiño”.

   Carrero señala que en su dudosa autenticidad el documento por el que Alfonso III restauró la sede en el año 886 menciona una advocación triple, a la Virgen, a San Martiño y a San Juan Bautista. Con este documento Núñez Rodríguez propuso dos líneas de interpretación, la primera, que Ourense tendría un templo con la citada triple advocación, y la segunda, que defendían López Alonso y Cuevillas, es la de la existencia de dos templos, uno para el obispo, el de Santa María, y otro para los fieles, el de San Martiño. Y a estos templos habría que sumarle un tercer inmueble como baptisterio, dedicado a San Juan Bautista.

   No cree Carrero que en Ourense se pueda hablar de un conjunto episcopal con catedral doble pues señala que la existencia de dos templos paralelos se apoya en “testimonios legendarios, en piezas reaprovechadas y en la generalizada opinión de una mayor antigüedad de Santa María la Madre frente a San Martiño”. Benito Fernández Alonso y Del Castillo sostuvieron que Santa María Nai no existió antes del siglo XI, que es cuando la edificó Ederonio “para hacer las funciones de catedral, ante el lamentable estado en que debía hallarse la original iglesia prerrománica de San Martiño”. Esa iglesia pequeña acogió el culto catedralicio hasta, dice Carrero, cerca del año 1132, momento en el que se empezaría a levantar la actual basílica, consagrado su altar en 1188. Le parece evidente que dicho templo edificado por Ederonio era una fundación ex novo.

   Según Del Castillo, los famosos capiteles procederían de la original y primitiva catedral de San Martiño. Carrero Santamaría señala que de acuerdo con el sustrato tardorromano sobre el que se levantan tanto la iglesia de Santa María como el resto del palacio episcopal ourensano, “los capiteles pudieron reaprovecharse de otro edificio de la zona”. Por ello concluye que la sede catedralicia de esta ciudad se ubicaba “en un lugar similar al actual”, que dispondría, al norte, de una capilla bautismal dedicada a San Juan Bautista, y de un atrio.

   Ederonio, por su parte, mandaría edificar Santa María Nai con el objetivo de celebrar allí el culto episcopal mientras se reformaba la sede de San Martiño, muy deteriodada debido a las incursiones foráneas. En otras diócesis se dio el caso de uso de una iglesia auxiliar a la catedral, pensemos en Tui, en Astorga, también en León y aún en Ciudad Rodrigo. Santa María Nai nunca tuvo el carácter de iglesia autónoma, como si fuese un templo parroquial más sino que siempre dependió del cabildo catedral.

   Rivas Fernández también defiende que la función de Santa María Nai sería más secundaria añadiendo que “la tan mentada aula u oratorium -equiparable por tanto a una ecclesiae martirial-, luego bajo el patronazgo de San Martín de Tours, estuvo situada más o menos en donde luego se levantó la catedral románica, que como es natural seguiría dedicada igualmente al Torunense”. E insiste en que la obra románica de la catedral “no se levantó en solar de nuevo cuño, disociado o desconectado del recinto sagrado preexistente, sino que es la directa heredera de otra u otras edificaciones sagradas que como ecclesiae de santos se asentaron en este mismo lugar”.

Referencias:

-Proyectos de restauración de las fachadas de las iglesias de Santa Eufemia y Santa María Nai en Ourense.

-CARRERO SANTAMARÍA, E. : Las catedrales de Galicia durante la Edad Media. Claustros y entorno urbano, A Coruña, Fundación Pedro Barrié de la Maza, 2005.

-GALLEGO DOMÍNGUEZ, O. : A cidade de Ourense. Unha visión a través dos séculos, Ourense, Museo Arqueolóxico Provincial, 2001.

-RIVAS FERNÁNDEZ, J. C. : Antigüedad del episcopado auriense, Ourense, Duen de Bux, 2003.

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