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Piedras y cultura que resurgen en Armea

FOTO: J.M.G.
Armea es un interesante taller para los estudiantes de arqueología y para el público en general. FOTO: J.M.G.

JESÚS MANUEL GARCÍA. Nos vamos a conocer un lugar mágico, muy especial, en el término municipal de Allariz, Armea. En julio del 2011 finalizaba la fase de excavación arqueológica en el castro de esta localidad, acción dirigida por David Pérez y Celso Barba en la que descubrieron algunas estructuras inéditas de lo que parecía ser una vivienda y un pequeño petroglifo que representa un guerrero. «O primeiro foi delimitar o castro. Están os topógrafos facendo o seu traballo nun castro de 367 metros de norte a sur. Fixemos unha primeira excavación no Outeiro dos Pendóns buscando a parte máis antiga deste castro e deunos cerámica da época castrexa. Falamos do século II antes de Cristo», señala David Pérez. También salió a la luz una pequeña muralla.

Panoramica del conjunto urbano. FOTO: J.M.G.
Panoramica del conjunto urbano tal como puede verse ahora. FOTO: J.M.G.
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En la zona arqueológica el misterio está siempre presente entre las estructuras que han salido a la luz. FOTO: J.M.G.
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Calles y estructuras habitacionales configuran este núcleo bimilenario y anterior. FOTO: J.M.G.

   La última actividad consistio en el sondeo arqueológico más abajo, donde hace medio siglo excavó Conde Balvís, sacando a la luz construcciones de época castrexa y romana. En aquel entonces hallaron molinos, muros y mucha piedra decorada. Decidieron taparlo todo. «Agora vemos como estaban consolidadas esas estruturas e descobrimos outra zona inédita, muros apoiados nunha rocha rebaixada», señala Pérez.

   De igual modo dejaron al aire libre escaleras, una calzada pavimentada y basas de columnas de un patio interior. Pero uno de los hallazgos más curiosos fue el de una cuarcita muy plana que cabe en la palma de la mano. Su valor está en que tiene grabado un ser humano, parece un guerrero que en una mano tiene una espada y en la otra lo más parecido a una honda. El personaje muestra algunos rasgos faciales, el pelo encrestado y parece estar al lado de un árbol o un estandarte. Es una joya que permite a los arqueólogos avanzar en el estudio de la vida de aquellos primeros gallegos. Se trata, dice el arqueólogo, de un guerrero inédito. La piedra que lo contiene se usaba para rasgar.

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Aspecto de un pequeño horno encontrado con su murete semicircular característico. FOTO: J.M.G.
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Perspectiva de una calle entre muros de las construcciones del castro romanizado. FOTO: J.M.G.
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Se mire por donde se mire, el yacimiento arqueológico de Armea es espectacular en medio de la arboleda. FOTO: J.M.G.
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La imagen nos muestra muros, una escalera y la basa y lo que queda del fuste de una columna. FOTO: J.M.G.
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Más detalles del castro, una joya arqueológica en Allariz. FOTO: J.M.G.

   Al año siguiente, en el 2012, se hizo posible contemplar una segunda calle romana, que discurre a lo largo de la fachada de una vivienda de la época y exhibe sus 33 metros de longitud por tres de ancha. La intervención de los arqueólogos David Pérez y Celso Barba complementó lo ya descubierto meses atrás, una vivienda, una calle, distintas fases de ocupación del castro. Esta zona era de expansión, muy romanizada. La vivienda que se ve tiene patio descubierto con escaleras a una planta superior hacia la parte trasera. «Estaría organizada en torno a unha cociña e logo distintas dependencias», dice Barba. La calle desenterrada está intacta y sorprende por su espectacularidad y la emoción que provoca observarla como si estuviésemos en su época, unos dos mil años atrás. Debidamente pavimentada, en principio, continúa. «Na zona oeste organizaríase un espazo aberto no que confluiría coa outra rúa do entorno superior do castro e farían as dúas como un Y», cuenta Celso Barba.

Ejemplo de colocación de tégulas romanas. FOTO: J.M.G.
Ejemplo de colocación de tégulas romanas. FOTO: J.M.G.

   El Concello de Allariz hizo un esfuerzo importante para que al menos se pudiera descubrir tan impresionante calle. En un mes se hizo ese trabajo arqueológico que afectó a una superficie de 250 metros cuadrados. Y también en la cercana atalaya, donde se ven huellas en las rocas, para asentar estructuras de madera que constituirían la torre de vigilancia, y los restos en piedra de cimientos de un espacio a modo de cuarto de soldados. «O único que conservamos é a cimentación máis o arranque do muro superior. A torre estaría no cumio, onde todos os bolos de pedra están achairados, para montar un piso de madeira e de aí sairía a torre duns tres ou catro metros de alta», dice el especialista.

   Ese espacio, entienden Barba y Pérez, sería de servicio a la propia torre, pues habría allí un retén que vigilaría el Val da Rabeda, a partir del siglo I hasta el IV aproximadamente. Integrar este entorno de la atalaya en el castro, al quitar la escombrera, será una acción posterior y beneficiosa. Los trabajos arqueológicos continuaron de la mano del Grupo de Estudos de Arqueoloxía, Antigüidade e Territorio de la Universidad de Vigo, GEAAT, el pasado verano, con el objetivo de descubrir toda la parte del castro de Armeá que Conde Valvís excavó a mediados del siglo XX y que decidió cubrir de nuevo.

Dos columnas que formarían parte del patio de una vivienda. FOTO: J.M.G.
Dos columnas que formarían parte del patio de una vivienda. FOTO: J.M.G.

   La campaña del presente año se presentaba el pasado julio en Allariz, por el alcalde, Francisco García; por Fermín Pérez, director del GEAAT, así como del proyecto arqueológico, y por Adolfo Fernández, que dirigió la intervención en Armea. Gracias al acuerdo rubricado con Allariz será posible seguir actuando en este castro durante los próximos cuatro años, lo que redundará sin duda en la consolidación de la intervención cuyo presupuesto ronda los 10.000 euros. Armea se convirtió en un aula práctica para los alumnos de la Facultad de Historia, además de contar con un equipo de tres arqueólogos y un restaurador. Los trabajos en este lugar alaricano tuvieron lugar durante julio. Además de dejar al descubierto lo ya excavado por Conde.Valvís, se actuó en otras zonas con el objetivo de encontrar la muralla del castro. También se actuó en las Piucas da Santa para conocer el origen precristiano de ese lugar rupestre.

   Con motivo de estos trabajos se abrió la excavación al público para que viesen cómo trabajan los arqueólogos in situ y se habilitaron visitas guiadas para adultos y escolares. Lo excavado el último verano ocupa 400 metros cuadrados. Ahora, con la llegada del otoño, se inicia la nueva fase, de laboratorio, para estudiar todo el material cerámico encontrado, aparte de llevar a cabo acciones de conservación y restauración en el castro, además de instalar la adecuada señalización.

   Otra iniciativa en relación con estos trabajos va a ser el plan director del importante conjunto arqueológico de Santa Mariña de Augas Santas, lugar muy especial, de mucha carga cultural. Visitarlo supone, también, recorrer unos caminos frondosos de bosque no carentes de interés ni de belleza natural. Es un atractivo cultural en el que el municipio alaricano no ha dudado, consciente de su riqueza arqueológica y del interés por mostrarla para su conocimiento por todos.

Publicado elAllarizArqueologíaPatrimonio

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