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De la apoteosis barroca externa al sobrio clasicismo interno

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Vista del interior de la neve central del templo. FOTO: J.M.G.
Vista del interior de la neve central del templo. FOTO: J.M.G.

JESÚS MANUEL GARCÍA. Su fachada es toda una estampa de la plenitud del barroco gallego en el centro histórico ourensano. Telón que delimita una plaza, al oeste por él engrandecida y al este, vigilada de reojo por la catedral. Cual pasillo ceremonial es esta plaza de Santa Eufemia, que tan agradecida resulta al ourensano y al visitante, para pasear o descansar en sus terrazas y cafés. Ourense tuvo un templo y un colegio de la Compañía de Jesús. De ello nos queda la gran iglesia y la actual Casa Sacerdotal, en la calle Lamas Carvajal. En este lugar urbano llama poderosamente la atención la fachada cóncava del templo, con sus ocho pares de columnas y tres cuerpos, en el bajo el portal de acceso y sobre él, una talla en piedra de la santa, en su hornacina.

Fachada barroca de la iglesia que fue de los jesuitas. FOTO: V. Escudero.
Fachada barroca de la iglesia que fue de los jesuitas. FOTO: V. Escudero.

   En el segundo cuerpo se ubica el espejo, gran ventanal rectangular que ilumina la nave, cuya orientación no sigue las directrices de los templos medievales. Baste ver que es totalmente opuesta a la de la vecina catedral. En el tercer cuerpo o ático, una cruz moderna, flanqueada por volutas y cuatro pináculos con los que rematan las cuatro columnas del cuerpo inmediatamente inferior. Es una fachada dieciochesca llamativa por ese movimiento que le aporta la concavidad, lo que permitía mostrar su ornamentación al caminante en una calle muy estrecha, que no siempre se presentó abierta ante dicho templo como sucede hoy. Juego efectista en un espacio edilicio preparado para recibir, en origen, dos torres campanario, cuyos primeros cuerpos flaquean el conjunto, no llegando a construirse nada más que una y esto, hace unos pocos años, pues ni modelo había para esta obra en la propia iglesia. Sobre esta torre construida véase nuestra entrada reciente sobre su recorrido.

Espléndia perspectiva interior hacia la cabecera. FOTO: J.M.G.
Espléndia perspectiva interior hacia la cabecera. FOTO: J.M.G.

   La exuberancia ornamental de este telón en movimiento contrasta con el austero interior, de aire más clasicista. La fachada, por sus características, es una de las más importantes de Galicia, en su género. Fue a finales de los años ochenta del pasado siglo cuando el párroco, Luis Rodríguez Portugal, solicitó un proyecto al arquitecto Pérez de Juan Romero. El objetivo era realzar la fachada y eliminar un pequeño cuerpo donde se alojaban las campanas. El proyecto data de 1987, situando la colocación de la torre sobre la cornisa de la iglesia y de la planta con doble cornisa moldurada. Ese cuerpo tendría en sus cuatro lados arcos de medio punto, y aún habría dos cuerpos superiores más, un segundo coronado por un cupulín asentado sobre tambor octogonal.

   El arquitecto escogió varios modelos de torres campanario barrocas para Santa Eufemia: las de la iglesia de Santa María de Melias, en Pereiro de Aguiar; las de San Jorge de A Coruña y la del monasterio de San Salvador de Lourenzá, en Lugo. La decisión final consistió en diseñar unas torres que tuviesen algo de la primera opción y de la tercera.

   La propuesta obtuvo el beneplácito de la Xunta. Desde la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, el arquitecto Fernando Chueca Goitia se mostró a favor de construir unas torres adecuadas y que no desentonasen con el lenguaje de la fachada. El canónigo archivero de la catedral, Miguel Ángel González, también había emitido un informe favorable para dotar el templo de Santa Eufemia con dos torres, que no se levantaron por problemas económicos en su momento y que la opción elegida se mostraba acorde con el estilo de la fachada. Tendría que notarse la diferencia de la piedra para no mezclarla con la fachada, de mayor antigüedad. Así solo se construyó una torre por limitaciones económicas, utilizándose un granito más claro que el de la fachada barroca. La Consellería de Cultura de la Xunta llegó a exponer que no tenía sentido rematar la fachada de un edificio perfectamente integrado en el casco histórico de Ourense, con una obra del siglo XX. Pero se construyó la que corona la fachada por su lado diestro.

   La torre, sin embargo, quedó rebajada de modo que le falta airosidad, es decir, un cuerpo inferior para levantar unos metros más el cuerpo de campanas. Este templo dejó de pertenecer a los jesuitas cuando estos fueron expulsados de España, en 1767. Tres años después acogió la parroquia de Santa Eufemia, que dejaba de ubicarse en la catedral. Las trazas se le atribuyen al monje benedictino celanovense, Fray Plácido Iglesias, acerca de lo cual, sostiene Begoña Juan Franco, no hay documentos que lo afirmen con toda seguridad. Evaristo Rivera menciona documentación jesuita en la que se hace referencia al monje benedictino.

Cuerpo superior y ático de la monumental fachada con el espejo cuyas piedras fueron corregidas y sus virdios, restaurados. FOTO: J.M.G.
Cuerpo superior y ático de la monumental fachada cóncava con el espejo cuyas piedras fueron corregidas y sus virdios, restaurados. FOTO: J.M.G.

   Hacia 1769 reclamaba a la orden un dinero atrasado por obras hechas en la iglesia de la Compañía desde al menos 1761. En la documentación del Consejo de Temporalidades de la orden se menciona que Fray Plácido “parece que lo ha sido, y que la bóveda de la iglesia la ajustara por alto y que había ganado 4.000 reales”. Por ello Rivera mantiene que Fray Plácido había sido maestro de obras antes del año 1761, pero no se sabe quién trazó la iglesia y la fachada. Otro autor, Bonet Correa, señala que el monje es el autor de la fachada, copiando la de la iglesia de Lourenzá. Al parecer dicho templo ocupa el solar donde se ubicaría la judería de Ourense.

Desarrollo del costado sur de este templo ourensano. FOTO: J.M.G.
Desarrollo del costado sur de este templo ourensano. FOTO: J.M.G.
Vista de la neve central desde las gradas del presbiterio. FOTO: J.M.G.
Vista de la neve central desde las gradas del presbiterio. FOTO: J.M.G.

   El espacio interior presenta una planta con tres naves, crucero y la capilla mayor. Todos estos huecos se inscriben en un rectángulo. Sobre el crucero, una cúpula sobre pechinas lo cubre, aportando una decoración a base de ocho nervios y una linterna que aportan sencillez, luz y armonía al espacio. Sobre las naves laterales corren dos galerías o tribunas.

Tribuna sobre la nave lateral sur, hasta el crucero. FOTO: J.M.G.
Tribuna sobre la nave lateral sur, hasta el crucero. La escalera móvil que se ve en la pared se emplea para subir al ándito que recorre, al norte y al sur, todo el templo hasta la cabecera. FOTO: J.M.G.

   La nave mayor se cubre con bóveda de cañón y recibe iluminación natural mediante lunetos. En la capilla mayor preside la talla del Cristo de la Esperanza, obra de Juan Ferreiro, en el último tercio del XVIII y que se hallaba en la vieja iglesia de los franciscanos, cuando se ubicaba en San Francisco. Apenas queda muestra de piezas escultóricas originales, ello se debe a que cuando los jesuitas fueron expulsados de la ciudad, dejaban una iglesia sin terminar la obra. No estaba rematado el crucero ni la capilla mayor. En esta última habían colocado dos imágenes, una de la Inmaculada y otra de San Ignacio de Loyola. Hasta nuestros días llegaron las tallas tanto de San Ignacio como de San Francisco Javier, ésta última se hallaba en una capilla lateral.

Detalle del retablo mayor en la cabecera del templo. FOTO: J.M.G.
Detalle del retablo mayor en la cabecera del templo. FOTO: J.M.G.

   El retablo mayor que hoy vemos procede de la antigua iglesia de San Francisco, de la que fue trasladado en el siglo XIX. Al lado se halla la actual Casa Sacerdotal, que en principio fue el Colegio de los Jesuitas en la ciudad. Cuando estos llegaron a Ourense, fundaron una pequeña casa en el año 1653, y una iglesia. Desde entonces llevaron a cabo varias reformas que cambiaron el aspecto de su sede, creciendo en grandiosidad.

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Brazo sur del crucero. FOTO: J.M.G.
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Brazo norte del crucero, con la finalización en él de la nave lateral norte y de su correspondiente tramo de tribuna. FOTO: J.M.G.

   La reforma comenzó por el templo, como consta en la documentación de la orden correspondiente a los años 1678 a 1681. Fue inaugurada para el culto el 29 de mayo de 1683 con un acto cargado de solemnidad. Se trataba del segundo templo construido en ese lugar por los hijos de San Ignacio de Loyola, del que nada queda. Era un templo de planta circular. En 1691 el Conde de Maceda vendió terreno a la orden.

Cúpula en la que se superpone la lámpara metálica que de ella pende en el centro del crucero. FOTO: J.M.G.
Cúpula en la que se superpone la lámpara metálica que de ella pende en el centro del crucero. FOTO: J.M.G.

   Las obras comenzaron en 1694 y estuvieron sumidas en una dura polémica y litigio con el cabildo, llegando el asunto a la Nunciatura por parte de los jesuitas. Hacia 1733 los religiosos apostaron por levantar una nueva iglesia donde estaba la anterior, apareciendo en la documentación como procurador de fábrica el hermano Sebastián del Pino, que en 1740 dejó Ourense para ir a la ciudad de A Coruña.

Detalle clasicista del muro del brazo norte del crucero, con este frontal curvo terminado en volutas. FOTO: J.M.G.
Detalle clasicista del muro del brazo norte del crucero, con este frontal curvo terminado en volutas que semejan cilindros truncados, un recurso típico en el barroco gallego. FOTO: J.M.G.

   El colegio ocupaba un pabellón rectangular de casi 200 metros de largo, con planta baja, tres pisos y desván. La fachada del templo fue sometida a una completa restaucaión hace unos años, siendo tratada con tal minuciosidad y con ayuda de las nuevas tecnologías, lo que permitió actuar en ella, hacer análisis y otras pruebas como si de un enfermo se tratase. Hubo que eliminar elementos vegetales, humedades y recomponer algunas piezas.

Inicio de la tribuna que corre por la nave lateral sur a la altura de la cabecera. FOTO: J.M.G.
Inicio de la tribuna que corre por la nave lateral sur a la altura de la cabecera. FOTO: J.M.G.

   El aspecto que hoy presenta es muy llamativo por la belleza que desprende en uno de los espacios más céntricos del amplio casco histórico de la vieja Auria. En el año 2003 la gran fachada de Santa Eufemia fue sometida a una reforma para zanjar el desgaste que se apreciaba en varias zonas. Ofrecía problemas de retención de aguas, que se filtraban al interior, por lo que se hizo necesaria una limpieza cuidadosa con los rejuntados oportunos. En la portada central se impermeabilizaron las superficies horizontales y se colocaron los sistemas contra la presencia de palomas en las cornisas, por el nocivo efecto de sus excrementos sobre la piedra.

   El espejo fue también restaurado ya que presentaba varios vidrios rotos y piedras movidas. Detrás de la parte más alta del conjunto, donde se halla una cruz y los pináculos en que terminan las cuatro columnas del segundo nivel, hay un pasadizo a modo de terraza desde el que, además de disfrutar de una buena vista del casco histórico con la mole de la catedral enfrente, se accede al bajo cubierta. En ese espacio aterrazado tras la fachada crecía la vegetación y el agua se filtraba con facilidad en ese piso de mortero. Por eso le colocaron una lámina de plomo para impermeabilizar y canalizar la circulación de aguas pluviales.

Durante años la iglesia tuvo un campanario provisional. FOTO: Cedida.
La fachada varias décadas atrás, con un campanario poco vistoso y, entre otros aspectos, sin los elementos ornamentales que hoy luce en el ático, en esta imagen resuelto de manera sencilla con frontón triangular. FOTO: Cedida.

   El trabajo fue un éxito y sirvió como modelo a otra fachada singular en la ciudad, la de Santa María Nai. La de Santa Eufemia gano en esplendor y hoy sigue siendo un reclamo de primer orden en las sorpresas que al turista dan los varios rincones del centro histórico de la ciudad. Este templo forma parte, además, de los circuitos culturales de música culta en Ourense, pues acoge conciertos de órgano y otras actuaciones tanto orquestales como corales. Es, además, el primer templo que visitan los obispos cuando entran por vez primera en la ciudad, pues allí se revisten para salir en procesión litúrgica hacia la Catedral, donde son consagrados y toman posesión o bien solo sucede lo segundo si ya vienen como prelados de otra diócesis.

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