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Por las bóvedas góticas de un claustro barroco: Celanova

Tracería de las bóvedas del monumental claustro. FOTO: J.M.G.
Tracería de las bóvedas del monumental claustro. FOTO: J.M.G.

JESÚS MANUEL GARCÍA. Nos aproximamos hoy a Celanova para conocer las bóvedas del llamado claustro barroco de su gran monasterio que fue benedictino. La estructura del monumento en general presenta buenas condiciones, incluidas las citadas bóvedas, que fueron revisadas en el año 2007, tras observar en ellas algunos pequeños problemas que no revestían gravedad según el equipo de expertos que las visitaron, dirigido por el arquitecto Santiago Huerta, después de que un tramo del claustro llevase algún tiempo cerrado al público por seguridad. Se había detectado el movimiento de algunas dovelas de los nervios de las bóvedas estrelladas para ver qué piezas había que asegurar. El trabajo fue apasionante.

Vista parcial del claustro barroco. FOTO: J.M.G.
Vista parcial del claustro barroco, con pilares cuadrangulares y circulares. FOTO: J.M.G.

   El equipo de Santiago Huerta observó el trasdós de esas bóvedas y, entre otros detalles, vio que, como en otros edificios góticos europeos, hay tramos de esa cubrición del claustro en los que los nervios no están exactamente pegados al resto de la bóveda, es decir, a la plementería. Ello origina en nuestros días un debate científico acerca de si, en efecto, los nervios sostienen siempre, o no, una bóveda gótica, pues se dan casos donde se puede pasar un papel entre la parte superior del nervio y el resto de piedras que por encima de él cubren la bóveda.

Detalle de una máscara de la rica serie que ornamenta el claustro. FOTO: J.M.G.
Detalle de una máscara de la rica serie que ornamenta el claustro. FOTO: J.M.G.

   En Celanova algunos nervios llevan un saliente en su parte superior, como una cola que engancha en las piedras de la plementería, pero otros nervios, según Huerta, del lado de la pared no tienen cola, por eso se separaron, y al deformarse la bóveda con el paso del tiempo, la piedra bascula. En el año 2008 la Dirección Xeral de Patrimonio estudió el mejor modo de solucionar las grietas y movimientos de piedras que se registraban en las bóvedas del claustro barroco del monasterio de Celanova. Según el informe presentado por Santiago Huerta, de la Universidad Politécnica de Madrid, las bóvedas de los lados norte, sur y oeste de ese recinto monacal presentaban grietas visibles debidas a desplomes ligeros del sistema de contrarresto que forman las arcadas y los muros perimetrales. «Estos agrietamientos no afectan a la estabilidad global de la estructura que presenta una seguridad suficiente, teniendo en la situación actual una seguridad geométrica por encima de los valores recomendados», señala el profesor.

   Defectos constructivos como la notable verticalidad de las ligaduras rectas y la escasa cola o incluso su ausencia, en los nervios y claves, provocaron que algunas piedras de la bóveda se moviesen de forma importante por deslizamiento. Algunas piezas amenazaban ruina en el sur del claustro. Huerta señalaba que la intervención trataría de rellenar las juntas abiertas y restituir a su posición normal las piedras que habían registrado un movimiento excesivo. En casos así hay que disponer de elementos de fijación que impidan nuevos deslizamientos y que sean distintos de los sistema de acuñado usados hasta ahora. El ligero desplome de los muros provoca una inclinación que no alcanza un grado, situándose por debajo de 0,5 grados. Tal desplome agrietó las bóvedas que han de adaptarse al movimiento de sus apoyos, detalle que en absoluto afecta a la estabilidad general del claustro.

El recinto monacal ofrece su belleza y encanto al visitante. FOTO: J.M.G.
El recinto monacal ofrece su belleza y encanto al visitante. FOTO: J.M.G.

   Las bóvedas de este solemne claustro son de crucería y se construyeron a finales del siglo XVI y principios del XVII. Las de los lados norte, sur y oeste, es decir, las que corren paralelas a la iglesia, a la sede del Concello y al instituto, presentan grietas que se notan sobre todo en las ligaduras rectas que corren en sentido normal al eje de dichas bóvedas. La planta de estas es aproximadamente cuadrada. Son estrelladas y poseen una clave mayor y otras cuatro menores. Aparte de los nervios, presentan ligaduras rectas que conectan las claves mayores y las secundarias y aún unen éstas con las claves de los nervios perpiaños y formeros. La plementería es de bloques de piedra grandes cuya junta oscila entre 15 y 20 centímetros aunque el espesor de ese granito, indica Santiago Huerta, puede alcanzar los 30 centímetros. Los nervios constan de piedras grandes muy bien labradasa. Disponen de cola, es decir, una especie de pestaña de piedra para unirlos a la plementería aunque aquí se detecta que la cola es escasa por lo que se separan fácilmente de aquella. Las claves mayores son generosas en tamaño y en ornamentación.

   Esta cubrición pétrea del claustro más célebre de Celanova soporta un relleno de buena mampostería, como pudo ver Saniago Huerta al levantar las tablas del piso superior. Dicho relleno sube hasta medio metro del espinazo de las bóvedas. En la arcada sur hay variaciones de luz entre 5,16 y 5,27 metros, es decir, la anchura del pasillo en esa zona. Son irregularidades de la planta que se hacen evidentes al observar el levantamiento gráfico de esa cubierta pétrea, tal como hizo la arquitecta Rosana Guerra. El estudio de Santiago Huerta refleja la existencia en Celanova de bóvedas con juntas casi verticales en las ligaduras rectas, lo que ocasionó problemas a lo largo de los siglos. por eso al autor le sorprendió que las últimas bóvedas construidas, ubicadas en el lado este, ya no cuentan con ligaduras. De ahí que las deformaciones no se aprecian de forma tan clara. El sistema de contrarresto, que lo forman la arcada, su muro superior y la cornisa, tiene una estabilidad excelente según el profesor madrileño.

   Las bóvedas de las cuatro esquinas de este claustro constan de más nervios, su traza resulta con mayor complicación pues disponen de combados y claves más otras 16 claves secundarias, que aquí, observándolas, las vemos tan grandes como las mayores. Al sur del claustro es donde se apreciaban mayores agrietamientos. Santiago Huerta se percató que que los muros perimetrales de los lados norte, este y oeste se desploman hacia el interior del patio. En el lado sur el desplome se efectúa hacia fuera. «Las arcadas se desploman todas ellas hacia el patio del claustro y sus desplomes son mayores en los lados donde el muro perimetral se inclina hacia el interior», manifiesta el autor del informe. En el lado sur, que es el paralelo al instituto, es decir, se trata del pasillo que vemos de frente según entramos en el claustro, los desplomes producen una apertura máxima entre arcadas y muros de casi 7 centímetros a la altura del nivel tercero, que es el superior del rellano. Tal apertura alcanza entre 8 y 8,5 centímetros en el nivel que se corresponde con el espinazo de las bóvedas.

Otra perspectiva monumental de un espacio arquitectónico que presenta buena estabilidad. FOTO: J.M.G.
Otra perspectiva monumental de un espacio arquitectónico que presenta buena estabilidad. FOTO: J.M.G.

   El agrietamiento de una bóveda puede derivarse de distintas causas, bien depender de la forma geométrica de esa cubrición o del modo en que está hecha, también de los movimientos sufridos a lo largo del tiempo, del nivel de deterioro del mortero de las juntas y de fenómenos ocasionales como inundaciones, terremotos… Si en aquel año 2008 nos situábamos debajo de esta bóveda sur podíamos ver las grietas de separación a lo largo de la ligadura recta que discurre por el centro de dicha bóveda y en el arranque de los nervios en cada pilar. Esas eran las grietas de articulación. Luego se observaban otras, las de separación, en algunos nervios, que fueron reparadas.

   La Dirección Xeral de Patrimonio, en el año 2009, se puso manos a la obra para atajar los problemas de las bóvedas celanovenses siguiendo las recomendaciones del doctor arquitecto de la Politécnica de Madrid. Y así llevó a cabo labores de inspección, repaso, resanado y rejuntado de las uniones entre las piedras en todas las bóvedas que voltean sobre los lados norte, sur y oeste del claustro, restaurando y rellenando las grietas entre nervios y plementería. El autor de la memoria proponía, además, fijar todas las ligaduras rectas en dirección transversal que posean juntas superiores a un espesor de un centímetro. También se inspeccionaron, restauraron y rejuntaron las bóvedas de rincón en este monumental claustro. Allí donde las claves tuviesen deslizamientos importantes, Huerta aconsejaba, si era posible, llevar la piedra clave a su sitio original y disponer un elemento fijatorio similar al de las ligaduras rectas.

   En este claustro hay, pues, dos elementos de construcción que favorecieron el deslizamiento y los movimientos importantes en algunas piedras, es decir, la considerable verticalidad de las juntas de las ligaduras rectas y la escasa o inexistente cola en nervios y claves. Patrimonio prescindió de los sistemas de acuñado que se utilizaron sin éxito hasta entonces, prefiriendo los elementos de fijación de piedras que impidan nuevos deslizamientos. Así colocaron un espárrago o barra enroscada haciendo una perforación vertical pequeña en las esquinas de los nervios para meter ese espárrago y sujetarlo a la plementería. De toda sesta acción el visitante que observe esas bóvedas solamente apreciará, en las esquinas de los nervios dos discretas tuercas de bronce de forma que los nervios se dejaron colgados y mucho más seguros.

  El claustro barroco de Celanova cuenta con 28 bóvedas, cada una de las cuales posee un peso aproximado de 15 toneladas. En cada bóveda, el peso de los nervios más las ligaduras rectas, el perpiaño, claves y terceletes alcanza los tres mil kilos.  No hay peligro alguno de que se vengan abajo. Al contrario, una visita a esta zona del gran monumento de Celanova supone alegría y bienestar ante la belleza desplegada por sus cuatro costados, pues las trazas góticas combinan muy bien con las líneas barrocas que encierran este singular espacio que funciona como una prolongación de la contigua plaza Mayor de la villa de San Rosendo. El paseo, la conversación, la lectura o el simple hecho de sentir a veces el silencio roto por los pájaros o por la campana del reloj, merece la pena entre aquellas columnas y medallones, ventanas y balcones, molduras varias y pináculos que forman un mundo aparte, espectacular en toda regla.

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