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El sonido de la catedral de Ourense. Las campanas

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La Torre de las Campanas contiene ocho bronces. FOTO: J. M. G.

JESÚS MANUEL GARCÍA. Son las campanas instrumentos que ponen sonido al ambiente de pueblos, villas y ciudades desde hace siglos. Forman parte del paisaje sonoro. En España el Gremi de Campaners cataloga estos instrumentos de todas las catedrales, entre ellas, la ourensana, cuyos bronces están inventariados por el Ministerio de Cultura. En la sede auriense hay once campanas: ocho en la torre mayor, una grande pero rasgada y por tanto sin uso, depositada en el patín norte; otra también sin uso, instalada en la Torre del Reloj y la undécima es el esquilón situado junto a la puerta de la sacristía mayor, que marca el inicio de las misas, el cierre de la catedral y la solemnidad en el canto del Gloria cada Jueves Santo y cada Vigilia Pascual en el Sábado Santo.

   Los nombres de las campanas de la torre homónima son los siguientes: Mayor, Segunda, Pote, Prima solemne, Prima diario, Nueva, Bartolomé y Martín. Están colocadas dos a dos en cada una de las cuatro fachadas del cuerpo correspondiente de la torre. Todos estos instrumentos están electrificados y ninguno voltea. Los más antiguos datan de 1780. Otras campanas fueron fundidas en los años 1828, 1879 y 1925. La campana mayor tiene un peso de 1.155 kilos y su diámetro es de 1,45 metros; la siguiente pesa 814 kilos y tiene un diámetro de 1,29 metros. El resto va desde los 477 hasta los 113 kilos con diámetros desde 1,08 metros hasta los 58 centímetros.

   Del siglo XVI es la gran campana en desuso ubicada en el patio norte. Fue fundida en el año 1551 y se calcula que pesa 1.200 kilos. Su altura es de un metro. No se usa porque tiene una fisura. Era conocida como campana de señales. Presenta una inscripción en latín, traducida del siguiente modo por González Paz: Fue llevado Jesús a Pilatos en la hora de prima. En la hora de tercia gritaban ¡crucifícalo! En la hora de sexta llevaron a Jesús a la Cruz. En la hora de nona expiró Jesús. Año de 1551 siendo oferente el señor canónigo Rodrigo de Quiroga.

Campana de la Torre del Reloj. FOTO: J. M. G.
Campana de la Torre del Reloj. FOTO: J. M. G.

    La campana que corona la Torre del Reloj daba precisamente las horas, data del siglo XVIII y lleva la siguiente inscripción: IHS Maria i Joseph, Ano de 1728. Bárbara, Sancta María Maior ora pro nobis. Vega me fecit. Los ocho bronces de la torre mayor tienen hoy una malla verde detrás de cada uno de ellos, cerrando los huecos que ocupan de modo que impide el acceso de aves al interior de la torre, quedando más limpio así el cuerpo de campanas. Esas rejas tienen una puertecilla que permite acceder al balcón que decora dicho cuerpo. El responsable de la catalogación de este patrimonio sonoro es Francesc Llop i Bayo, del citado gremio valenciano.

   Ya en los Estatutos de la Santa Iglesia Catedral, de 1906 se menciona al campanero, cargo que era nombrado por el obispo y por el cabildo “y es de su obligación tocar las campanas a amanecer, a medio día y al anochecer y a todas las horas canónicas, festividades y funciones de la Iglesia y en los demás casos, actos y solemnidades que corresponda”. El sacristán mayor supervisaba el trabajo del campanero. En el siglo XIX hubo campanera en la catedral ourensana y su nombre era Teresa Pinedo. La tradición no permitía que las mujeres se encargasen de las campanas porque se creía que no podrían tener buenos partos.

   Para toques fúnebres, en la torre catedralicia de Ourense, cada minuto se daban 50 golpes de campana si el que moría era el papa; 40 golpes si se trataba de la muerte del obispo o del rey. Si el que fallecía era un canónigo, los toques de campana eran 30 por minuto y si se trataba de un beneficiado, se daban 20 golpes.

   En los sínodos celebrados en los años 1543 y 1544 se ordenó que antes del canto del Sanctus en las misas, se tañesen las campanas de la catedral y que en cada iglesia sonase una al anochecer. En el de 1543 se dio la orden de que las campanas tocasen a nublo si el tiempo estaba revuelto.

   En 1497 los Reyes Católicos tuvieron que mediar en la Audiencia de Galicia para que el alcaide de Ourense, encargado del control de la fortaleza de la catedral, no impidiese al tesorero ejercer sus derechos sobre las campanas. En la catedral de esta ciudad hubo, hasta no hace muchos años, la costumbre de repicar las campanas mayores y una pequeña contra el trueno.

   Otro documento, la Regla de Coro de la Santa Iglesia Catedral de Orense, del año 1908, especifica el modo de efectuar semejante complejidad de toques estipulados. Cada día había que tocar al alba, nada más abrir el templo. Si se trataba de un festivo, se tocaba al término de la misa de alba. Desde las seis a las siete de la mañana, “desde la Cruz de Mayo a la de septiembre y de siete a ocho el resto del año”, se tocaba una campana de forma continua sin descanso. Si era día de mucha solemnidad, se tocaba la campana grande durante una hora a intervalos de un minuto. Todo estaba perfectamente marcado, tanto, que “un cuarto de hora antes del coro se toca diez minutos una de las campanas que sirve como de llamada a coro; por la tarde, además, se da otro toque media hora antes de principiar el coro”. Y todos los días, al comenzar la tercia, si no se celebraba procesión, se daba una señal con la campana correspondiente para la misa conventual. En la procesión el campanero tenía la obligación de repicar desde que el “ilustrísimo cabildo” saliera del coro hasta que volviese entrar. “En todas las misas cantadas se hará señal a la elevación dando tres golpes con una de las campanas mayores; en los días de renovación se da un repique.

   Si hubiere segunda misa se tocará a ella al principio de nona”, se lee en la norma. Cuando el obispo salía de su palacio —donde hoy se ubica el Museo Arqueolóxico de Ourense—, acompañado por el cabildo, había que dar un toque muy solemne hasta que prelado y canónigos entraban en la basílica. También había que tocar cuando el obispo salía de la ciudad para llevar a cabo la visita pastoral, y cuando regresaba. En las procesiones exteriores del cabildo igualmente había que acompañarlas del sonido de las campanas. En dicho libreto se dice: “Todas las tardes, al Nunc dimitis… de completas, se tocará al rosario, que según laudable costumbre de esta Santa Iglesia, se reza todos los días y al concluir éste se hará señal para los maitines”.

   Todos los sábados, al principio de laudes, se tocaba a la Salve. En las vísperas de sermón se hacía una señal después del toque de oraciones y lo mismo sucedía en el día, desde que empezaba la misa hasta el evangelio. Repique general había cuando tomaban posesión el obispo o los canónigos. Allá arriba, en esa torre que hoy solo emite sonidos horarios y muy pocos litúrgicos, vivía el campanero para tener a mano en todo momento sus instrumentos de trabajo, y hacerlos sonar, como se ha visto, en innumerables ocasiones.

   En otras sedes catedralicias, como Sevilla, el reglamento del campanero era, ciertamente, de mayor complejidad. Testigos de otro tiempo que forman parte del patrimonio cultural de cada pueblo. Del patrimonio sonoro español.

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