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Inmundicias junto a la catedral ourensana

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Plano edificio junto a la catedral. ACO
Plano edificio junto a la catedral. ACO

JESÚS MANUEL GARCÍA.-Desde hace años la suciedad más diversa acampa en algunas zonas del exterior de la Catedral de Ourense. Los excrementos de palomas y gaviotas causan problemas en las partes altas; la orina hace lo mismo en los muros a pie de calle, a lo que se añade la basura de locales hosteleros que se amontona a la vista, de modo especial, junto al portal norte. Ya nos hacíamos eco de este problema en el año 2008, cuando publicamos en La Voz de Galicia un reportaje denunciando la situación. Esta fachada norte fue, al menos desde el siglo XV, una zona delicada porque, aparte de las inmundicias, allí se produjo el ataque de las tropas del conde de Benavente para asaltar la basílica en cuyo interior se había hecho fuerte el conde de Lemos. Un conflicto iniciado a finales de 1471, haciéndose los del de Benavente con el templo el 8 de enero de 1472. Así pues, la cuestión de orines y basura junto al templo no es un tema nuevo. El orinar en sus muros era una preocupación latente en el siglo XIX, cuando en las casas no había servicios higiénicos. Tal fue así que el cabildo, tras varias conversaciones, acabó encargando la construcción de un pequeño edificio al norte, en el lugar donde hoy se depositan sin rubor las bolsas de basura de negocios de los alrededores.

   Al lado de dicho portal, mirando a la derecha, se halla la capilla de San Juan, en cuyo muro se abre un gigantesco vano gótico flamígero. Pues justo bajo dicho vano se preveía levantar un inmueble de bajo y primer piso. El 12 de enero de 1848 el Cabildo remitía al Concello de Ourense unas trazas que hoy se conservan en el Archivo Catedral (ACO) y que nos han sido facilitadas por el canónigo archivero Miguel Ángel González. En dicho documento enviado a las autoridades municipales, se hizo constar literalmente lo siguiente: “Observando que por el lado norte de dicha catedral y parte que dice a la Capilla de San Juan hace la pared de dicha iglesia un recodo de sesenta y más cuartas de largo y 15 de ancho hasta la acera de la calle en cuyo local suelen aparecer de la noche a la mañana escombros y más inmundicias, se ha determinado construir en el referido sitio una casita por el plano adjunto […]”.

   El autor de las trazas es Juan Cendón de Carballal, rubricándolas el 11 de enero de 1848. Se trataba de un maestro de obras muy activo en Ourense al que se le encargaron varias obras, esta entre ellas. Por fortuna para la estética de la basílica el proyecto no se llevó a cabo. En el Concello no se le concedió licencia. Observando el plano, vemos una fachada de dos alturas con una puerta para el taller y escalera de acceso al piso alto. Otra escalera desciende a la tienda, también se aprecia un pasillo sobre el piso, una cocina, un dormitorio así como una sala y una alcoba. Se entiende que la planta baja podría estar diseñada para actividad comercial.

   Quiso el destino que no se tapase más este frente norte catedralicio, mas los orines y demás basura se siguen produciendo especialmente en la noche. En cuanto a la basura, el Concello de Ourense pide a los ciudadanos que cuiden el entorno de la catedral, que no depositen a la vista las bolsas con los restos. Hace unos meses en ese mismo lugar se puso un contenedor verde, pero por tratarse del monumento que es, dicho elemento fue retirado porque no beneficiaba la estética del edificio. Hoy hay contenedores, dos, junto a la fachada sur y varios paralelos a la caja de la escalinata de la fachada principal. Sería bueno estudiar la forma de que no se hagan tan evidentes con sus colores junto a las nobles piedras.

   La vieja tradición de orinar en la vía pública motivó tratados de urbanidad varios, como uno del siglo XVI posterior al clásico libro de Erasmo de Rotterdam, De civilitate morum puerilium, en el que se aconsejaba que nadie debía, sin pudor, hacer sus necesidades delante de las habitaciones de mujeres o en los salones de la corte, o incluso ante las puertas y ventanas de otras mansiones. El propio obispo Gregorio de Tours, en el siglo VI, comentaba cómo cuando cayó la ciudad en manos del enemigo, este causó tales estragos en los habitantes que no quedó un solo hombre “de pie para mear contra un muro”. La costumbre de hacer las necesidades fisiológicas en la calle es tan antigua como el ser humano. Oronzo Giordano recuerda cómo a pesar de que se construían retretes urbanos públicos, la gente no acudía por causa de los moralistas. Preferían evacuar en las vías menos transitadas. En varias ciudades sus autoridades decidieron colocar rejas de hierro para acabar con tan pestilente costumbre. Incluso llegaban a pintar cruces en las partes bajas de los muros de los templos para ver si las respetaban y dejaban de orinar. Todo lleva a pensar que no fue una medida eficaz a juzgar por la cantidad de cruces en varios de esos muros. Siglos más tarde, está por ver cuándo veremos la catedral liberada de inmundicias.

Published inCatedral de OurensePatrimonio

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