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Los colores en el ceremonial (I): La Iglesia

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JESÚS MANUEL GARCÍA. En la Iglesia el sacerdote, los obispos, arzobispos, cardenales y el Papa lucen, según la época del año, un color distinto en sus vestiduras litúrgicas, es decir, en la estola que cuelgan del cuello y cuyos extremos caen paralelos sobre el pecho, y en la casulla, esa prenda que visten sobre la túnica blanca o alba. Hay un color para cada época del año litúrgico. Y cada uno tiene un significado distinto que no cuesta nada conocer. El color de las vestiduras sagradas en la Ordenación General del Misal Romano promulgado por Pablo VI, cuya edición típica ya es la tercera, del 2002, se establecen los siguientes colores: blanco, rojo, verde, morado o violeta. Estos son los fundamentales, A mayores, dependiendo de la zona donde sea tradicional, se puede utilizar el negro o el rosa. A veces estos colores se ven también en el velo que cubre el cáliz o incluso el sagrario.

El color blanco se utiliza para los oficios y misas del Tiempo Pascual y también de Navidad. De igual modo se usa este color para todas las celebraciones de Cristo que no sean las de su Pasión; en celebraciones en honor a la Virgen, a los santos Ángeles, en las misas del los santos que no sean mártires. También se utiliza en la fiesta de Todos los Santos, en las de San Juan Evangelista así como en la fiesta de la Cátedra de San Pedro y en la de la Conversión de San Pablo. Simboliza la divinidad, la luz increada, el resplandor divino. Por eso el vicario de Cristo en la Tierra, viste siempre de blanco. En la antigua Grecia Pitágoras ordenó cantar los himnos sagrados con túnicas blancas. También Platón y Cicerón consagraron este color a la divinidad. Si observamos pinturas medievales vemos que a Dios se le representa vestido de blanco, lo mismo que a Jesús después de la resurrección.

   El color rojo se utiliza en las celebraciones del domingo de Pasión, en los oficios del Viernes Santo, también en el domingo de Pentecostés, en las celebraciones de la Pasión de Jesús además de las fiestas natalicias de los Apóstoles y Evangelistas así como en las celebraciones de los Santos Mártires. Simboliza la caridad.

   El color verde se luce en el llamado Tiempo Ordinario. El morado o violeta se emplea en los oficios y misas de Adviento y de Cuaresma. También se utiliza en las misas de difuntos. Significa aflicción.  El color rosa se usará donde sea tradición, los domingos Gaudete, (tercero de Adviento) y de Laetare (cuarto de Cuaresma).

  Todavía hay otro color que se utiliza en días señalados: el azul, para las fiestas de la Virgen, especialmente la Asunción de agosto y la Inmaculada, en diciembre.

   A veces el celebrante luce vestiduras doradas, que significan fiesta y que tienen un aspecto más noble. Se pueden usar entonces aunque no coincidan con el color reglamentario del día. El negro solo se usa donde es tradición y exclusivamente para misas de difuntos.

   En los primeros tiempos del cristianismo, señala Pastoureau, predominaba el color blanco y el sacerdote celebraba con sus vestimentas ordinarias, aunque Mario Righetti indica que es un error considerar que antes del siglo VIII ese color fue el único empleado. A lo largo de la Edad Media obispos y concilios condenaron la policromía en los vestidos litúrgicos y recordaban, como ocurrió en el de Trento, la primacía del color blanco, símbolo de Cristo. Righetti señala que los primeros vestigios de uso de un color en las vestimentas sagradas en conexión con una festividad litúrgica los da el Ordo de San Amando, del siglo IX, que publicó Duchesne.

   Fue a partir del siglo XII cuando la cuestión del color adquirió un lugar importante en el ritual de la misa. El blanco simbolizaba la pureza; el negro la penitencia y el rojo, la sangre vertida por Cristo y para él. Hubo no pocas diócesis que se esforzaron en lograr asociar el color y la fiesta del día. A esos tres colores se le añadió otro, el verde, considerado el color fuera del sistema, y de hecho aún hoy sirve de válvula en el sentido de que se usa en el Tiempo Ordinario, cuando no tienen lugar fiestas importantes. En la Edad Media el cardenal Lotario mostraba el deseo de Roma de fijar sobre los colores una mayor unidad litúrgica. Si los colores de los escudos de armas son limitados en número y no se combinan de cualquier manera, lo mismo sucede con los colores de la liturgia cristiana, que muestran categorías puras, conceptos, en el sentido de que lo que menos importa es que sea un verde o un rojo puro.

 

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