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OPINIÓN. Sobre el turismo cultural

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Campamento romano de Aquis Querquennis, Bande. Foto: J. M. García.
Campamento romano de Aquis Querquennis, Bande. Foto: J. M. García.

 JESÚS MANUEL GARCÍA. En estas cosas del turismo, necesario y bueno es que haya hoteles con magnífico servicio, restaurantes de calidad, bares, cafeterías, casas de turismo rural, rutas mil y demás elementos. Hospedaje bueno y buena gastronomía. Bien. Pero si queremos tener un turismo de calidad, un turismo cultural de interior, que es al que debe optar por derecho propio la provincia de Ourense, es preciso no descuidar algo también fundamental: el patrimonio natural y el patrimonio construido: los paisajes diversos, los monumentos, los yacimientos arqueológicos, los conjuntos  y sitios históricos, iglesias, monasterios, petos de ánimas, cruceiros, hórreos, puentes, castillos, fortalezas, catedral. No podemos ir muy lejos si solo ofrecemos buenos manjares y buenas habitaciones y nos olvidamos de los encantos que los siglos nos han regalado.

   No puede ser que vayamos a hacer una ruta y los monumentos que queremos ver estén cerrados. Tampoco puede ser (sería el mal menor, pero insuficiente) que estén abiertos PERO no haya quién los sepa enseñar. Mostrar un monumento parece cosa trillada mas no lo es. Enseñar un monumento implica conocerlo bien, estudiarlo a fondo, entederlo, estar a la última en las investigaciones sobre él que se hayan o estén haciendo para enriquecer el discurso a medida que se van produciendo las visitas. Hay que enseñar el patrimonio con rigor, de forma amena pero con rigor. Hay que saber co-mu-ni-car. Hay que ofrecer datos adaptados a todos los públicos, datos rigurosos, aunque infantiles puedan parecer. No se trata de dar una conferencia a cada visita ni mucho menos.

   Para estos menesteres está esa hermosa herramienta que se llama interpretación del patrimonio, que, como ya dije tantas veces, y lo repito, no es hacer cocina. Es algo más serio, tanto, que al tiempo que encandila al visitante (si se hace bien, claro, porque si no es mejor dejar todo como está), este se emociona, entiende el monumento, lo conoce, se implica más y mejor con él; el bien cultural se protege más e, incluso, puede revertir en beneficio económico para el territorio por qué no. Por eso hay que superar (me da igual que alguien se moleste, me da igual) aquello de: esto es del siglo tal, eso otro, del siglo cual. Hay cosas que ya están en las guías, de ahí que se haga preciso ir más allá. Por eso son de lamentar cuantas propuestas turísticas solo piensan en los hoteles, restaurantes, alojamientos en general, paquetes de viajes, anuncios a todo trapo en medios y se olvidan de machacar en el conocimiento de algo tan elemental como es el patrimonio histórico artístico. Mire usted, si solo perdemos el culo por traer turistas, que tengan donde dormir y comer y que vean, así, a lo tonto, lo mucho que tenemos, sin un buen plan de visitas, no resultará. Hay mucho que hacer,  es urgente ponerse las pilas y no perder el tiempo.

   Ourense como destino de turismo termal y cultural sí, pero con rigor, con sentido. Hay mucho, pero mucho que contar. Una ingente cantidad de ingredientes para emocionar al visitante, para hacerlo vibrar y divertirlo con tanta riqueza cultural que debe servir para algo. Es como leer nuestra historia in situ, de un modo experiencial. Queda dicho.

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