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Una mañana dura en O Porriño

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Estado en que quedó el tren cuando se disponía a pasar por la estación de O Porriño rumbo a Oporto. FOTOS: Valentín González Escudero

JESÚS MANUEL GARCÍA

En la mañana del viernes, los vecinos del entorno de la estación de ferrocarril de O Porriño escucharon un sonido estruendoso, como si explotase una bomba. Era la colisión de un tren de viajeros contra un poste metálico y todo lo que encontró por delante al salirse de la vía. Se trataba del automotor Vigo-Oporto, que se dirigía como cada mañana, hacia la próspera ciudad portucalense. En unos segundos la tranquilidad de la anodina estación porriñesa adquirió el ajetreo más indeseable. Gritos, sonidos de sirenas, el helicóptero que tuvo que aterrizar en la explanada del aparcamiento que hay junto a la estación. Hacían falta mantas, la cafetería se habilitó como sala de urgencias. Revuelo general y humanitario. Era increíble. Un ajetreo que empañó la jornada de los vecinos de la villa, más allá de los actos políticos de campaña, que son lo de menos. Estamos acostumbrados a ver pasar este tren diesel, serie 592. Lo hace a buena velocidad porque no para en O Porriño y usa siempre la vía general por la que circula a casi todo lo que da el motor, ya que esta estación se encuentra en un tramo recto de vía de varios kilómetros. Y cada vez que por allí pasa, es como un trueno, por el ruido que hacen esos motores, y por la contundencia de su bocina. Es, ciertamente, uno de los trenes que más estruendo provocan por la villa. Pero semejante trueno cual ráfaga en nada se parecía al estampido escuchado esta mañana.

Falló el tren portugués y aún no se sabe por qué. Es una composición envejecida, sí. El ministro Catalá asegura que el pasado mayo este tren fue desmontado para revisarlo y que la víspera del accidente había pasado otra revisión en Portugal. Ahora se verá dónde estaba la causa de este siniestro. Murió en el acto el maquinista, ciudadano luso y con él, el interventor, que vivía en Vigo, y otras dos personas más que viajaban en los coches de este tren internacional. Es lo peor de todo este suceso. Gentes que esperaban seguir con sus proyectos, con su vida, y se han quedado en la entrada de la estación de la bendita villa que hoy siente un dolor regado con lágrimas en su quehacer diario. Descansen en paz los fallecidos y una pronta recuperación para cuantos viajeros resultaron heridos, tanto física como psíquicamente. La villa los recordará con cariño, aún sin conocerlos. Bien seguro que sí.

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Parte del pasaje del tren, reponiéndose del susto en el andén de la estación tras unos minutos de espanto.
Published inInfraestructurasOpiniónOportoVigo

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