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OPINIÓN. Otro recorte más en la sanidad viguesa

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JESÚS MANUEL GARCÍA

Ser gerente, ser director de RRHH y ser otro cargo directivo del hospital Álvaro Cunqueiro y por tanto de la EOXI de Vigo no es buen chollo. Aunque parezca que no se inmutan ante la que está cayendo desde el insólito traslado, que se crecen en la adversidad y todas esas cosas que se suelen decir para dar sensación de control, lo cierto es que en el pasillo de dirección hay buena dosis de preocupación. Porque las cosas no marchan tan bien como sería de desear y lo saben. Porque todos los problemas de este gigante no hecho a la medida de Vigo se les van de las manos pues se dan a conocer a la velocidad del rayo en las redes sociales y queda poco tiempo de reacción. Es agua que se escurre dentro del cesto de mimbre y que moja mucho. Y esto realmente no hay política extraordinaria de comunicación interna y externa que lo aguante. O sí. Se nos presenta una situación de crisis permanente, enquistada, que se revuelve un día sí y otro también. Y claro, que te estén cada día contando y criticando lo que no se hace bien… hace que el gerente se salga por la tangente prohibiendo los mensajes críticos en el hospital y en los medios informáticos, que se supone se referirá al correo interno de la casa. Pero va a ser difícil, por no decir imposible, segar la libertad de expresión de los profesionales que ahí trabajan. Los medios digitales están todos los días que arden con la retahíla de problemas en la sanidad de la sufrida ciudad de Vigo. Porque es cierto que hay insuficiencia de personal, de medios y que eso se nota en el servicio. Y esas cosas tienen que saberse dado que el hospital no es del gerente sino de toda la sociedad, aunque en este caso concreto el dinero de todos está yendo a manos privadas. Hay colas para entrar en el aparcamiento del personal, que retrasan su entrada y su salida; no faltan problemas con la lencería ni en el menú que se da a los enfermos, en algunas ocasiones, realmente desagradable, que no invita a degustar aquel amasijo de productos. 

Rara es la semana que no hay concentraciones, el día 9 habrá dos más; el día 13, domingo, está preparado un acto de rodeo del Meixoeiro a partir de las 11.00 horas para exigir el cese del deterioro de este hospital y dotarlo con los servicios necesarios. Los afectados por el cierre del Xeral organizaron el jueves pasado un paseo para observar el efecto del cierre del hospital en los negocios de las calles del barrio; ahora se está estudiando la posibilidad de organizar una segunda gran manifestación para mayo en la ciudad. Todo esto queremos pensar que preocupa, porque tiene que ser así, a los dirigentes del HAC, aunque se intente disfrazar con expresiones como la de que son otros intereses. Que la cosa no está para echar cohetes lo demuestran signos de debilidad y de saturación que a veces se le escapa a algún responsable. Es duro llevar un hospital como este con su área sanitaria de la envergadura de la de Vigo,  la que más población tiene de toda Galicia. Pero antes de recortar la libertad de expresión urge dotar, luchar por dotar al hospital de las cosas necesarias que no tiene. Es realmente miserable que se contrate por horas o pocos días a personal sanitario. Miserable por razones evidentes. No debe haber médicos o enfermeras trabajando en un hospital con contratos por horas. Eso empeora el servicio. ¿De verdad es esa la meta? ¿Forzar el empeoramiento de la sanidad pública? Esta semana se ha publicado que una alta directiva del Cunqueiro se va a trabajar a cierta clínica privada de Pontevedra. Después se dice que es una entelequia ese mantra de pedir que el Cunqueiro sea público. Los responsables políticos dicen que ya lo es. Pero en su fuero interno saben que no lo es del todo. Las críticas no causan temor en la ciudadanía porque los vigueses no son tontos y saben muy bien que en Beade hay, por lo general, buenos profesionales que están ahí, aunque a veces haya que frenar operaciones, no por culpa de estos profesionales sino por la de los responsables políticos del ramo. Por la ciudad está extendida la idea de que el nuevo hospital es de cartón y de que hace falta un empuje para elevarlo al nivel que le corresponde. Andar con prohibiciones va a ser en estos tiempos como ponerle puertas al mar. Compensa más trabajar para solucionar los verdaderos problemas. 

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