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OPINIÓN. Sanidad, calle… ¡Vigo!

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JESÚS MANUEL GARCÍA

No hay peor situación para un político que en vísperas electorales le surjan protestas, se le revuelva el gallinero, en una palabra. En el despacho de la presidencia de la Xunta no gustó, más bien escoció la histórica salida a la calle de los vigueses el pasado verano como nunca hasta ese momento se había visto. En la Xunta no se entendía aquel signo pues Vigo acaba de estrenar un hospital que se calificaba como el más moderno de España. Pero una cosa es lo que se ve en el despacho del político de turno y otra bien distinta lo que ven los ciudadanos, que no son tontos. Molestos con lo que estaba pasando en el Álvaro Cunqueiro, salieron cívicamente a la calle para exigir una buena sanidad pública en la ciudad. Y tan cívicos fueron que ni una flor de los parterres de la Gran Vía se quebró. Que todo hay que decirlo.

Alberto Núñez Feijoo aún tardó unos días en echar de la consellería a Rocío Mosquera, y al entonces alcalde de Baiona, Jesús Vázquez Almuiña, lo llamó entre los elegidos para ponerse al frente y, le diría Feijoo, por lo que más quisiera, que le evitase una segunda manifestación de aquellas características. Porque que Vigo se levante no es baladí. Las protestas siguieron y los problemas también en buena parte de este no va más de la arquitectura hospitalaria. Se han contado por activa y por pasiva, deficiencias de elementos constructivos, tuberías que revientan, puertas que se caen. La lista es tristemente densa. Falta de material, ausencia de un laboratorio central en el nuevo y gran hospital, algo que a muchos sigue sorprendiendo. Operaciones que se cancelaron y continúan suspendiéndose por el instrumental esterilizado que no llega a tiempo. ¿Por qué no se esteriliza en el propio HAC ya que es tan grande y moderno? Hay que hacer gasto de transporte con el recorrido turístico HAC-Xeral-Meixoeiro-HAC del que se encarga una empresa privada. ¡Acabáramos! Los celadores protestaron también y están a punto de solucionar su situación. Pero faltan celadores en plantilla, lo que también influye en la puntualidad de las intervenciones quirúrgicas porque son ellos quienes llevan al enfermo a quirófano. Almuiña fue al HAC a escuchar. Y escuchó. Pidió tiempo para ponerse en onda y así cumplió recibiendo, entre otros, a los celadores cuyo preacuerdo van a perfilar bien para que no sea una simple declaración o palabrería política. Porque nadie se fía ya de la palabra de los políticos. Lo hemos escuchado estos días en el hospital. Todos quieren hechos concretos. Los recortes en sanidad crean en Vigo un panorama preocupante. A lo que se suma lo del aspecto privado del edificio, con el pago del aparcamiento, etc. porque al HAC no se puede ir caminando.  

Vigo, por si no hubiese pocos “problemillas” según Almuiña, _que ahora resulta que son lo que siempre fueron, es decir, problemas_, acogió estos últimos días a un paciente derivado desde A Coruña, sospechoso de ébola. Hubo críticas por cómo estaba la unidad de ébola del Meixoeiro antes de adecentarla para recibir al enfermo. Por cierto, en una foto de la entrada del paciente aislado en su camilla en el hospital se ve a un trabajador con manga corta y mascarilla. Nos deja sin palabras. La verdad es que hasta esa unidad de ébola hubo que trasladar a varios profesionales del Álvaro Cunqueiro dada su formación. Fue, al final, una buena noticia que el joven no estuviese infectado de ébola. Más de uno se pregunta ¿Realmente está Vigo preparado para tener una unidad de ébola? Y en medio de tan peculiar ecosistema no van a cesar las protestas. Noviembre viene caliente, con dos concentraciones en ambos hospitales y con una marcha o manifestación que recorrerá, el domingo 15, toda la distancia, tan larga como es, entre la Plaza de América y el Álvaro Cunqueiro. La última marcha que se hizo fue hace unas semanas caminando más de tres mil personas desde el HAC hasta una de las glorietas de Clara Campoamor, algo más de un kilómetro de distancia del hospital yendo hacia el centro de la ciudad. Esta otra del 15 de noviembre será mucho más larga. Le crecen los enanos a los responsables de la Xunta en una pesadilla que lleva el nombre del ilustre escritor mindoniense. El conselleiro reconoció a los sindicatos la excesiva premura para abrir el hospital. Es que las evidencias son contundentes. En la Xunta hay gran preocupación, no la mostrarán, pero la tienen, pues no se hallan las cosas como para lanzar cohetes de fiesta con la que está cayendo en Vigo. Las elecciones tocan al timbre y los problemas continúan. Las decisiones políticas incluso si son erróneas, se asumen. Signos de un deficiente intento de conquista de la primera ciudad de Galicia. Cuesta, sí. Y como no cambien las cosas, más que seguirá costando y pesando.

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