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OPINIÓN: Good bye señora Mosquera

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JESÚS MANUEL GARCÍA

Los políticos, cuando no están a la altura, suelen echar la culpa de su nefasta gestión, bien a la oposición e, incluso, a la prensa, que te es muy mala, malísima. La ahora exconselleira de Sanidade, Rocío Mosquera, se despidió soltando un rapapolvo a los periodistas, según hemos leído en los medios, porque le han, le hemos, le estamos publicando cada día pequeñas cosas del Hospital Álvaro Cunqueiro de Vigo.

Lo que la exconselleira parece no saber es que las enfermedades no entienden de horario ni mucho menos de traslados así como tampoco de salomónicas y no siempre acertadas decisiones políticas. Y que el traslado apurado al nuevo hospital vigués de todos los servicios que había en el Xeral y en parte del Meixueiro no han acabado bien. Estamos, por si alguien no se ha dado cuenta aún, hablando de un hos-pi-tal. Rocío Mosquera prefería que los periodistas dijésemos cosas así como: Vigo tiene un gran hospital nuevo, un centro precioso, con un diseño fuera de serie; un hospital con un material excelente, con un servicio impecable. Todo es maravilloso en el HAC.

Sin duda, lo más maravilloso de este centro son los pacientes, señora Mosquera, y el personal, escaso, con que está dotado el flamante inmueble. Pero mire usted, no le son baladí los problemas de comunicación telefónica, de modo muy especial en el servicio de cardiología; no le es cosa menor suspender varias veces una o varias operaciones quirúrgicas por falta de material esterilizado o instrumental. El maremágnum existente en urgencias no es una tontería, como tampoco es cosa menor la falta de otros elementos, o la avería de telemetrías recién adquiridas. O el poco personal que tarda lo que tarda para acudir a cambiar una sonda tupida a un paciente en el fondo de la planta. No es menudencia la falta de muebles, de perchas, los desagües de los baños de enfermos que no absorben bien. Y así podríamos seguir, parafraseando el lema de aquel anuncio de años atrás: Tacita a tacita… hasta completar un montón de deficiencias reales y nunca patrañas con las que tocarle a alguien las narices. Son deficiencias en un servicio público que pagamos todos y que está o parece estar concebido como un negocio.

Una cosa cierta ha dicho la exconselleira y es que posiblemente no se haya sabido explicar bien, comunicar mejor. Un problema que le ha pasado a ella y que pasa en buena parte de la Xunta que de Galicia es. Al nuevo conselleiro le queda mucho por hacer. Una buena gestión pública en este caso, no privada. Por eso, ojalá que acierte y si no, a casa sin contemplaciones porque hablamos de servidores de los ciudadanos. Ya es hora de que en los puestos clave de la Xunta primen los criterios profesionales de la gestión pública antes que las recompensas a los amigos. Apostar por el rigor en detrimento de la mediocridad siempre insoportable y dedicarse a trabajar duro por unos buenos servicios públicos en Galicia. Y todo esto sin pensar en trampolín alguno hacia ¿Madrid? o hacia el universo privado. Privatizar, no decimos nada nuevo, es lo más fácil para un gobierno. En otras palabras, no es signo de buena gestión pública. La comunicación es un campo estratégico ahora en el HAC porque esta crisis provocada por deficientes decisiones políticas ha tirado por la borda la comunicación interna y externa del Área Sanitaria de Vigo. Está todo por hacer. Todo. Suerte y ojo al nuevo responsable de Sanidad de esta sufrida tierra.

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