Ir al contenido

Libertades de expresión e información

Share on FacebookTweet about this on TwitterShare on LinkedInShare on Google+Email this to someone

JESÚS MANUEL GARCÍA. Hoy vamos a detenernos en dos conceptos que parecen significar lo mismo pero que son distintos: libertad de expresión y libertad de información. La libertad de expresión es un derecho fundamental pues nada menos que el reconocerlo permitió el nacimiento del Estado democrático, constitucional. Es, diríamos técnicamente, un prius o fue tal para reconocer después otros derechos a partir de él. El Tribunal Constitucional (TC) en varias sentencias habla de la necesidad de diferenciar la libertad de expresión y la libertad de información. Así pues ¿cómo es tal distinción? ¿Cómo operan los órganos judiciales para saber de qué se habla o qué concierne a cada una de estas dos libertades? Aquí, de entrada, ya vislumbramos que se refieren, una a la opinión, la otra, a la información. ¿De qué modo lleva a cabo el juez el deslinde? Realmente, como indica Joaquín Urías solamente puede basar su decisión en la intención que tuvo su autor, a juicio del propio juez. Cierto es que la libertad de expresión recoge de igual modo cuantos supuestos en los que no se ejerza la libertad de información con las condiciones que impone la Constitución. Esto significa que hay situaciones en las que se transmiten hechos, pero que no son veraces o noticiables tal y como impone la Constitución. En otras palabras, la libertad de expresión abarca un campo más amplio porque cualquier hecho falso que se haga público puede ser catalogado como juicio de valor u opinión. Si bien el objeto de ambas libertades es distinto, algo las hermana: la finalidad de posibilitar una comunicación pública libre.

   La libertad de expresión nos permite transmitir ideas y solo se le puede poner límite cuando vaya más allá de dicha emisión de ideas, afectando a otro derecho fundamental. Que tengamos derecho a transmitir opiniones no equivale a insultar públicamente. Tampoco nos da derecho a acusar a otra persona de la autoría de un delito que nos hemos inventado, sabiendo por tanto que no es verdad lo que decimos de ella. La libertad de expresión nos da derecho a transmitir opiniones, efectuar críticas pero en ningún caso nos permite desprestigiar, humillar, causar daño a nadie. Actores en esta libertad somos todos los ciudadanos. El Estado tiene que garantizar la libertad acerca de cómo se informa y ofrecer la máxima información a quienes se mueven en ese campo, a lo que llamamos comunicación pública libre, como refleja el artículo 20-1d de nuestra Constitución. Tal comunicación busca que los ciudadanos tengan la información suficiente para que construyan su propia opinión, lo cual es básico en un sistema democrático. Porque el ritual democrático no es solamente es ir a votar en el colegio electoral. En democracia son los ciudadanos quienes controlan la gestión social y lo hacen, entre otros modos, mediante el derecho a la libertad de expresión, expresándose de varias maneras. Y aquí entra la otra libertad, la de información, pues solo cuando existe información libre dentro de una sociedad decimos que la soberanía de ese pueblo es veraz.

   La libertad de información tiene que ver con los hechos. El periodista es el actor más destacado para ejercer dicha libertad. Pero si muestra su opinión personal no será actor privilegiado de la formación ideológica. La opinión de un periodista vale tanto como la de cualquier otro ciudadano y goza exactamente de la misma protección. Recibir información es un derecho de todos. Para ello la sociedad delega en un sujeto activo: los periodistas, quienes se dedican a facilitar a la sociedad información, pero esta no puede consistir en otra cosa más que noticias veraces y plurales. Esto es lo que legitima al periodista. Es preciso recordar que veraz no es lo mismo que verdad. Veracidad es una utopía, como invocar la objetividad, pero hay que tender hacia ella si bien es algo difícil desde el momento en que el ser humano es por naturaleza subjetivo. Entonces, ¿de qué hablamos cuando de la veracidad se trata? pues de algo tan sencillo como la diligencia y la profesionalidad de quien informa. Así hay casos de noticias que cuentan hechos pero contienen un dato erróneo, por ejemplo, se relata una manifestación y se dice que tal autoridad estaba presente cuando no era ella sino otra. ¿Qué sucede en este caso? Pues que la noticia cuenta hechos que ocurrieron, el propio suceso que se cuenta, aunque pueda registrarse algún dato inexacto. Lo fundamental, más que centrarse en el dato erróneo, es observar la diligencia y profesionalidad del periodista para comprobar la certeza de lo que expone en su información. Si puso todos los medios necesarios para comprobar la noticia o el reportaje y el contenido de su publicación se acerca a lo que en verdad aconteció, diremos que ha publicado una información veraz, por pequeña que sea dicha aproximación a la veracidad. En ningún caso se puede impedir que un periodista publique una información obtenida legalmente. Obviamente, el ejercicio de la libertad de información tiene límites de los que hablaremos en otro momento. Las únicas informaciones ilegales son aquellas que carecen de veracidad y que tal carencia cause perjuicio a una persona.

   El Código Penal prohibe apoderarse de documentos acerca de la intimidad de las personas, aunque no sean publicados. Véase el artículo 197-1. Todo esto no afecta a cualquier investigación periodística que no atente contra ningún derecho constitucional, lo cual es fundamental para ejercer la fundamental libertad de información.

Published inDerecho de la InformaciónJusticiaPeriodismoUncategorized

Se el primero en comentar

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

error: Content is protected !!